Un poemario de Fernando Delgado

Soy un lector de poesía intermitente. Desgraciadamente no sigo muy de cerca todo lo que se publica, aunque intento estar al día de algunos poetas, tanto en catalán como en castellano, y siempre me gusta tener un poemario cerca para ir leyéndolo poco a poco, paladeándolo. Un poemario se debe leer poco a poco, disfrutándolo, estirándolo en el tiempo. Conmoviéndose y reflexionando. Una lectura de días, de semanas. Lectura larga y sin fin. Lo demás es pasar lo ojos por las letras, por las palabras sin ser nada.

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Este mes de noviembre he sido voraz en lecturas poéticas, aunque la poesía no se puede devorar.  La voracidad que hablo es en términos de lectura constante y reflexiva, lo que ha anulado por unos días mi condición de lector intermitente de poemas. Ello se ha debido a uno de los poemarios más bellos que he leído en los últimos tiempos:  Donde estuve, de Fernando Delgado, publicado por la Fundación José Manuel Lara. Un poemario intenso y profundo que se deja devorar. Un canto a la libertad y a la vida. Una reflexión sobre el tiempo y la memoria, la vida y la muerte, sobre la pérdida, pero también sobre la esperanza.  “La memoria no es útil a los dioses,/tan ajenos al paso de los tiempos,/como si por ellos no pasaran los días,/pues no conocen la vejez,/que es lo que a mí me ocurre ahora,/cansado como estoy de mi propia divinidad.”

 

Poemas descriptivos, largos e intensos en los que la poesía se muestra sin artificio, sin encorsetamientos. Poesía de la experiencia, retazos de biografía – todo escritura es autobiográfica- en una búsqueda del yo que se fue y que es, que tiene un efecto refractario en el lector. Poemas sensuales a los que ayuda la evocación del paisaje y de la música. Ni siquiera falta el  grito, la protesta, la denuncia ante la intolerancia y la falsedad, ante el abuso y la opresión, ante la hipocresía religiosa: “La vanidad del hombre lo lleva a construirse/ las ciudades eternas./ Y hasta Dios se ríe de su propia eternidad/ habiendo conocido a tantos dioses muertos./ Hubo dioses tenidos por eternos/ de los que sólo queda,/ más que el recuerdo de su gloria,/ el miedo atroz de quienes les temieron.” Tampoco faltan los homenajes a Pier Paolo Pasolini (Asesinato en Ostia), Vicente Aleixandre (Madrugada en Velintonia), Jorge Oteiza (La caja hueca) o Giuseppe Verdi (Regalo de Verdi).

 

Dividido en cuatro partes –Geografía íntima, Alas de sombra, Mal de ojos, No es muda la muerte–  y un epílogo, el resultado es un poemario tremendamente unitario con algunas figuras como solución de continuidad (los ojos, los pájaros, el mar), presentes en la poesía de Fernando Delgado. Pero  en este poemario tenemos  sobre todo la palabra que, como dice en el poema que sirve de introducción,  “o es palabra de honor o no es nada”.


@manologild

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