Reflexiones en torno al día que murió Gracia Imperio

“A quién le puede interesar una película sobre una vedette de la que nadie se acuerda, porque los que la conocieron ya han muerto, y los que viven tienen Alzheimer. Yo les aconsejaría que no hicieran la película, pero ustedes verán”. Así se expresa el veterano guionista Pepe Quilis en los primeros minutos de El día que murió Gracia Imperio, la última película de Francesc Betriu. Toda reto que el director acepta, aunque más bien diría que éste es uno de los principales objetivos de la película: convertir en objeto de conocimiento un suceso luctuoso acaecido hace casi cincuenta años, siendo consciente de que la sociedad ha cambiado.

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La muerte de EmiliaArgüelles Catalina, conocida como GraciaImperio, y su joven amante acaecida en 1968 es un pretexto para acercarse ala miseria moral del franquismo, a las duras condiciones de vida de aquellosaños, a lo que significaba ser una mujerlibre, a los símbolos sexuales, todo ello rindiendo un entrañable homenaje a la”revista” y las “variedades”, géneros populares por excelencia en aquellos años.En definitiva, una aproximación a la cultura popular y a las diversiones de lasclases populares, algo que siempre se reivindica, pero que acaba resultandoincómodo porque el concepto de clase más pronto o más tarde aflora.


 

AntonioGramscitenía razón cuando afirmaba aquello de que la cultura popular siempre esrevolucionaria. Algo que intelectualmente casi nunca se tiene resuelto. Podemosaceptar determinadas luchas sociales desde premisas ideológicas, desde laasepsia que da la cultura burguesa, pero resulta corrosivo e incluso incómodoque lo manifiesten personajes desarrapados. Esto no lo tienen asumido todos losintelectuales. Betriu, sí. En El día quemurió Gracia Imperio se aproxima a unas vidas populares que nunca acceden ala cultura oficial, y lo hace sin caer en lecturas maniqueas, sin caer enlecturas morales de ningún tipo. Tal vez éste sea uno de los aspectos más sobresalientesde la película. El problema no lo tiene la obra, sino el que la mira. Y yasabemos que la imagen siempre es anacrónica y polisémica; la mirada, moral.


 

El día quemurió Gracia Imperio es un compendio de memorias individuales. No se puederecordar en plural, aunque algunos se empeñen. Somos personas, seresindividuales. Por tanto, la memoria siempre es individual, con sus fabulacionesy sus olvidos voluntarios y no, con sus contradicciones y sus mentiras. Desdela individualidad Betriu compone el fresco de una época: nunca bajo el contextode una memoria colectiva, sino como la suma de experiencias que son fuente deconocimiento. En el filme, la memoria es conocimiento, nunca un camino paracomprender el presente.


 

Estamos ante un documental de bajo presupuesto, perotremendamente honesto. Un documental que, más allá de la anécdota, es reflexiónsobre la memoria, sobre nuestros condicionamientos sociales y culturales. Sobreuna vedette hecha carne. Sobre la memoria y la incomodidad de recordar. GraciaImperio como contexto y pretexto. Ahí es nada.


@manologild

Manolo Gil

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