La vida ante sus ojos

Historia basada en la novela homónima de Laura Kasischke en la que Uma Thurman, protagonista principal, se vuelve a lucir. Un alegato de cómo una vida puede cambiar en un instante y cómo ese instante puede durar para siempre. Lástima que el final deje una sensación de fraude difícil de masticar.

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Apenas tienen 17 años y viven en primera persona una matanza en un instituto de un barrio residencial de Conneticutt. El asesino, un compañero de clase, las arrincona en el baño y mata a una de las dos amigas del alma. Quince años más tarde, Diana (Uma Thurman en la versión adulta y Evan Rachel Wood de joven) la superviviente sigue una vida aparentemente feliz pero marcada por la tragedia. El aniversario de aquel fatal desenlace perturba su día a día que comparte en un lujoso chalet junto a su marido y su hija pequeña, un clon de cuando ella era pequeña.

 

El director Vadim Perelman nos lleva de una historia a otra con continuos flash-back en los que pretende contarnos cómo era la vida de Diana; cómo la vida puede cambiar en un instante y como ese instante puede durar para siempre. A ratos aparece la Diana adolescente, una alocada muchacha a la que únicamente le empuja el deseo de ser feliz en un futuro. Guiada por el corazón comparte todas sus intimidades con Maureen (Eva Amurri), su amiga del alma, a quien el compañero de instituto acribilla a balazos delante de ella.

 

Ese episodio le sigue atormentando quince años más tarde provocando en Diana confusas visiones que distorsionan la realidad que le rodea. La película atrae por momentos, aburre a ratos y desconcierta al final dejando una sensación de fraude y de haber perdido noventa minutos delante de la pantalla. Quizá demasiado juego para un drama que se repite curso tras curso en Estados Unidos. Me quedo con otras.


@JavierMontesCas

Javier Montes

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