La última seducción

Un thriller made in USA que revitalizó el cine negro y la figura del personaje de ‘femme fatale’, en este caso, encarnada por Linda Fiorentino. Excesivamente larga y con algunas contradicciones; el giro final hace que uno se quede con buen sabor de boca aunque no deja de ser una película más del montón.

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Ella (Linda Fiorentino) es tan guapa como malvada. Es fría y calculadora; inteligente y peligrosa. Es una ‘femme fatale’ en toda regla. Vive en Nueva York y lidera una empresa con mano de hierro. Un día convence a su marido (Bill Pullman) para que le venda cocaína a unos traficantes. 700.000 dólares en su bolsillo porque cuando llega la pasta ella huye. Tiene un plan. Vivir a su manera sin ataduras de nadie ni nada. Se refugia en una zona rural, concretamente en Beston (Buffalo) donde entabla una amistad sexual con un chico del pueblo (Peter Berg) quien acaba de divorciarse por un motivo que permanece oculto hasta el final de la cinta.

 

En principio parece un juego pero poco a poco se va descubriendo que el chaval es necesario para que ella haga realidad su sueño. Le convence para matar a su marido aunque el chico de pueblo no sabe que la víctima es el marido de su amante perfecta y ella lo sabe todo de él.

 

La película, cargada de contradicciones y con un ritmo excesivamente lento, fue dirigida por John Dahl en 1994 obteniendo el premio Independent Spirit a la Mejor Actriz. Linda Fiorentino también fue finalista del Bafta 1994. Quizá demasiado reconocimiento para un largometraje predecible aunque hay que reconocer que la mala malísima de la cinta hace un papelón. Es la ‘femme fatale’ perfecta. Juega con la información para alcanzar su meta y es lo que le da caché a la película; un homenaje al cine negro clásico aunque quizá le falte o le sobre algo para destacar en el género.


@JavierMontesCas

Javier Montes

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