La semana de Peláez

Recopilamos las conversaciones a las que hemos tenido acceso entre este periodista de provincias, héroe anónimo de una crisis que no deja de endurecerse, y su despótico jefe. Un repaso por los ‘pelaezleaks’ que a diario este semanario comparte en su página oficial de Facebook.

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No ha sido una semana fácil para Peláez, según hemos podido colegir de los cables –#Pelaezleaks– que nos han llegado a la redacción de 360gradospress. Asfixiado después de tantos meses sin cobrar un solo euro, ha tenido que romper la hucha para hacer uso de sus derechos más esenciales. Todo empeoró para el periodista de provincias el pasado viernes cuando se enteró del cierre de La Voz de Asturias, diario en el que había grandes personas y, también, periodistas. Además, su vieja grabadora dijo basta y se vio obligado a cambiarla por un loro que llevará de ahora en adelante a las ruedas de prensa y, para colmo, ha intentado explicar a su ínclito jefe que La metamorfosis es de Kafka, no de Kubala, y cómo funciona el sistema electoral francés, nada fácil de entender para el director de su maltrecho periódico.

#Pelaezleaks

Jueves, 19 de abril

– ¿Qué ha sido eso, Peláez?
– He roto la hucha, jefe
– ¿La de la cara del consejero de industria?
– Era un cerdito.
– ¡Ah! ¿Y por qué lo ha hecho?
– Tengo que ir al médico.
– El médico es gratis, Peláez, de toda la vida de dios.
– Ya no, jefe, eso se acabó. El estado de bienestar se está yendo por el sumidero.
… – El estado del bienestar… ¿la siesta quiere decir?
– No, los derechos sociales de los ciudadanos.
– ¿Manifestación, reunión, polución, hibernación? ¿Todo eso?
– Pensaba en sanidad y educación, principalmente.
– ¿Y las mariscadas? Eso sí que es bienestar, ¡eh! O va a decirme que no.
– La última gamba que comí llevaba congelada seis años, jefe, como mi sueldo.
– ¿De qué mar provenía?
– Findus.
– ¿Findus? ¿Junto al Mare Nostrum?
– Por ahí.
– Ya… El proceloso mar, Peláez… ¡qué ganas tengo de que llegue el verano!
– ¿Para salir a navegar?
– ¿Navegar? ¿Tengo pinta de navegar? No, hijo, para dormirme en el sofá viendo el Tour. ¡Vamos Perico!
– Perico se retiró hace veinte años, jefe.
– Ya me parecía a mí que me había quedado traspuesto.

Viernes, 20 de abril

– ¿Se puede saber qué esta haciendo, Peláez?
– ¿A usted qué le parece, jefe?
– ¿Le parece bonito? ¿Ponerse a beber a las nueve de la mañana… ¡y no ofrecer a su director!?
– Lo siento, jefe, aquí tiene.
– Ummm… mucho mejor. Lo turbio se aclara, la noche se ilumina, el universo se expande cuando bebo. ¿Qué celebramos?
– No es una celebración. Bebo para olvidar el dolor.
– ¿Por una mu…jer?
– No, por la desaparición de La Voz de Asturias.
– ¿Víctor Manuel?
– No, el periódico. Acaba de cerrar.
– Eso es una pésima noticia, Peláez.
– Va a ser muy duro ver su hueco en el quiosco cada mañana.
– Y que lo diga. Deme más whisky.
– Y ese pedacito de libertad que pierden los asturianos.
– Tiene toda la razón, mi querido súbdito ¡hip!
– Y, sobre todo, la gente que se queda sin trabajo. Había muy buenas personas en esa redacción.
– ¡Y periodistas! ¡Hip!
– Sí, periodistas, también.
– Nos vamos a la mierda, Peláez.
– Ya estamos en ella, jefe, ya estamos en ella.

Lunes, 23 de abril

– ¿Qué lleva en el hombro, Peláez?
– Un loro, jefe
– ¿Y para qué lo quiere?
– Se me rompió la grabadora y me han traído esto, al parecer hemos llegado a un acuerdo con el zoo.
– ¿Quién se lo ha dado?
– Recursos humanos
– Humanos, dice. Odio a esos putos cabrones trajeados.
– Usted es el director, quizás pueda hacer algo.
… – ¿Yo? Estoy igual que usted, Peláez. Se me acabó el tóner de la impresora y me han dado un calamar.
– Joder, ¿y va bien?
– De momento sí, pero no creo que tarde mucho en rebozarlo y pasarlo por la sartén.
– Esto es muy decadente, jefe.
– Ni que lo diga, Peláez. ¡Mire ahí! ¿Quién me iba a decir a mí que una mofeta iba a ser redactora de sucesos de mi periódico?
– No es una mofeta, jefe, es Gutiérrez, lleva aquí treinta años.
– ¿Quiere decir que es humano?
– Lo era, al menos.
– No lo parece, desde luego. Quizás le pasó como al de “La metamorfosis” de Kubala.
– Kafka, jefe.
– Siempre los confundo. ¿Cuál jugó en el Barsa?
– Kubala.
– ¡Qué fenómeno! Mediapunta y escritor.
– Un krack, jefe. un krack.

Martes, 24 de abril

– UUUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
– ¡Menudo bostezo, jefe! Le he visto todos los empastes.
– Acojonan, ¿eh? Siempre pito en los detectores de metales.
– ¿Y a qué se debe tanto sueño?
– Estuve leyendo toda la noche.
– ¿Por el día del libro?
– ¿Día del libro? No me suena. UUAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
– Sí, anoche las calles se llenaron de lectores.
… – ¿Esas caras blancuzcas que iban de un lado a otro? ¿No eran zombis?
– No, eran amantes de los libros.
– No sea guarro, Peláez. Amantes de los libros… ¡puaj!
– ¿Y qué leyó, jefe? ¿Novela?
– No.
– ¿Poesía?
– Ni loco, Peláez. Tiritan azules los pitufos a lo lejos… ¡bah!
– ¿Ensayo?
– No necesito ensayar para leer, hijo, aprendí de niño. La ele con la a, la.
– ¿Entonces?
– “La reforma laboral”, la tenía pendiente.
– ¿Y qué le pareció?
– Me gustan los personajes. Esos jefes cabrones, esos trabajadores holgazanes, esas patadas en el culo… ¡fantástico!
– A mí me parece indignante, jefe.
– ¿Ah sí? ¿Por qué lo dice? ¿Es mejor la película?

Miércoles, 25 de abril

– Peláez, ¿por qué no paran de salir franceses en la tele? ¿Es que ya nos han conquistado?
– No, jefe, es que están de elecciones.
– ¿Y qué han votado los gabachos?
– Ascienden la izquierda y la extrema derecha.
– Carajo, son bipolares, ¿o qué?
– Han castigado al presidente anterior.
– ¿Al pequeñín?
– Sí, a Sarkozy.
– ¿Y quién gobierna, pues?
– No se sabe, falta la segunda vuelta.
– ¿Segunda vuelta? ¿Pero qué coño es eso, los ochocientos metros lisos?
– Es su sistema electoral, jefe.
– Me alegro de no haber nacido al otro lado de los Apeninos.
– Será los Pirineos.
– Será lo que yo quiera, Peláez, usted qué sabrá de mi familia.
– Yo nada, jefe.
– Pues eso. Respéteme o le calzo una hostia. Como dicen los franchutes: liberté, égalité, respeté.
– Es fraternité.
– ¿Su perfume? Me gusta, Peláez, muy varonil. Y ahora váyase, que quiero roncar a gusto.

Puedes seguir a diario las desventuras de Peláez y de su jefe en la página oficial de 360 Grados Press en Facebook.

Manolo Gil

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