Los muertos vivientes

Esta semana vuelve a las pantallas de todo el mundo The Walking Dead, una serie que con sus 16 millones de espectadores ya se ha convertido en la más vista de la televisión estadounidense. Con dos premios Emmy y un Globo de Oro la serie es un auténtico fenómeno de masas que ha vuelto a poner los zombies de moda. Pero antes que la serie de televisión existió, y existe, una serie de cómics que desde hace ya diez años ha ido labrándose poco a poco una sólida reputación como uno de los mejores y más inquietantes títulos que se editan en la actualidad.

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Los muertos vivientes
, tal cual la tituló en España sudistribuidora Planeta de Agostini, inició su publicación en EEUU en el año 2004con una premisa muy poco original: un agente de policía despierta después deser herido en el desempeño de su deber para encontrarse con que la civilizacióncomo la conocemos ha desaparecido. Los muertos caminan y lo único que los muevees un apetito insaciable por la carne de los vivos. Nada original ya digo,cualquiera que haya visto una película de zombies después de que George A. Romerofilmase La noche de los muertos vivientessabe de lo que estamos hablando.


Pero los zombies, curiosamente, son lo de menos. En un cómic llamado Los muertos vivientes los cadáverescaníbales son apenas un elemento de atrezzo, una premisa argumental paracontarnos la verdadera historia que hay tras estas páginas: cómo reaccionaríael ser humano moderno si tuviese que vivir continuamente al límite.


Con este planteamiento el creador de la serie, Robert Kirkman, construye unretrato absolutamente descarnado del alma humana, de su egoísmo y de sucapacidad para sobreponerse al horror si en ello va su supervivencia.


Los muertos vivientes es un cómic duro. Lo es porque más allá dela violencia gratuita, que la hay, nos encontramos con unos personajesdespiadados que no muestran  ningún tipode compasión. Saben que el débil es el primero en caer y por este motivo nodudan en sacrificar a su compañero si con esto aseguran su propia vida. Nadieparece estar a salvo y no es recomendable encariñarse con ningún personajeporque a Kirkman, en el más puro estilo G.R.R.Martin, no le tiembla la mano a la hora de hacer sucumbir a sus personajes.Y no sólo a manos de los zombies. En este cruel nuevo mundo, cualquiera puedeconvertirse en víctima o en verdugo. Lo más duro de esta circunstancia es queen la mayoría de ocasiones estas personas llevadas al límite, crueles ydespiadadas hasta provocar terror, eran seres humanos normales perfectamentesociales e integrados en su comunidad.


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Ese es otro elemento interesante con el que Kirkman juega a menudo a lolargo de los diecinueve volúmenes que hay publicados – dieciocho, por elmomento, en España: ¿Cuál es el verdadero fundamento de una comunidad?¿Sobrevivirían nuestras sociedades actuales a una situación de egoísmodesesperado? Es curiosa la evolución que muestran las sucesivas tramas argumentalesen ese sentido.  El autor se permitejugar con varias formas de gobierno, diferentes categorías de líder, inclusodistintos elementos aglutinadores para mantener unida una comunidad.  Es notable la riqueza de matices con la quese aborda esta cuestión y cómo estos detalles hacen evolucionar la visión quelos personajes tienen de este mundo devastado.


En este sentido la profundidad de Rick Grimes, el personaje principal,es uno de los grandes valores de la serie. La revista de entretenimiento IGN lo considera uno de los 50 mejoreshéroes de la historia del cómic – concretamente el número 26 – y sin duda granparte de este éxito se debe a la capacidad que muestra el autor de lograr que empaticemoscon una persona que se ve obligada realizar auténticas aberraciones con tal demantenerse con vida y de lograr que los suyos sobrevivan. Porque ese es el granvalor de Rick: su afán de supervivencia no es en el fondo tan egoísta comopueda parecer y, aunque le cueste reconocerlo, lo que realmente busca esencontrar una nueva oportunidad para la humanidad. Nada menos.


La dimensión del relato trasciende, con mucho, a lo que nos ha mostradola serie de televisión. Pese al éxito de los primeros episodios y alsorprendente acierto que supuso desligarse totalmente de las tramas de loscómics, el producto televisivo se ha convertido en un blockbuster de consumo fácil que se aleja de la desasosegante complejidadde los cómics. Y esto pese a que es el propio Kirkman figura entre la nómina deproductores.


Aun así el audiovisual ha tenido el valor de relanzar para el granpúblico una serie de cómics excelente. Eso sí, no es apta para todos lospúblicos ni para todos los estómagos. Quedáis avisados.


Adrián Cordellat

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