Canto de una sociedad enferma

Casi novecientas personas (hombres, mujeres, niños, ancianos…) desaparecieron en las aguas del Mediterráneo, un mar que en una orilla destila alegría, progreso y futuro y en la orilla contraria vomita desesperación, miedo y no conoce mañanas.

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Casi novecientas personas, un pueblo entero, se encontraron con la negrura húmeda de la muerte.

 

Esa gente huía en busca de un cielo azul, de una tierra razonable, de una sonrisa sin contaminar; una huída hacia un suelo amable, donde trabajar para comer no pareciera un baile en medio de un tiroteo o un cuchillo para cortar cabezas.

 

Esa gente que ya no está solo quería vivir, permitirse soñar o algo tan fácil como respirar sin esconderse de francotiradores, de los que colocan alambradas a las ideas, esos quede, en nombre de un dios que no conozco, pregonan el odio por encima de la discrepancia.

 

A menos de una hora de avión de la tragedia más grande que conoció el Mediterráneo, un adolescente español mató a su profesor, hirió a otra profesora y a dos compañeros. El aprendiz de justiciero portaba una lista negra porque, al parecer, pretendía ajustar cuentas y saldar con sangre las crueldades que se dan en un patio de colegio y en los conciliábulos de un aula.

 

Esta sociedad enferma nunca se mira el ombligo. Lee muy lejos y piensa que las catástrofes solo se dan a miles de kilómetros de distancia. Nuestros televisores en HD parecen muros altos de cemento que no actúan contra nuestro cerebro.

 

En esta sociedad dañina, los políticos corruptos y financieros sin escrúpulos hacen horas extras para engordar sus despensas a costa del crédulo contribuyente, que mira siempre al lado bueno de la luna y camina donde un rayo de sol alumbra al cobarde y regala gramos de energía al pusilánime.

 

Entre ruidos de sables y pasodobles desafinados, la mentira cede asiento a los santones hipócritas. En las casas lloramos los muertos lejanos, golpeamos el pecho ajeno y brindamos al sol que nos calienta. Esto es un canto a la cobardía porque el miedo es astuto y sabios los valientes arrepentidos. Brindamos con el orgullo comprado para que el fuego siga viviendo lejos y no se acabe la fiesta.


@butacondelgarci

Marcos García Martí

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