L’indovina

Recuperar nuestro patrimonio musical es una acción más que sobresaliente. Rescatar de los archivos, volver a interpretar y presentar al público actual obras que hacía años que no se interpretaban es una labor verdaderamente encomiable, aunque desgraciadamente no se realice con la asiduidad deseada.

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La Orquesta de Valencia (OV), bajo la dirección de Cristóbal Soler, Director Musical del Teatro de la Zarzuela, acaba deestrenar en el Palau de la Música deValencia, y en versión concierto, la ópera L’indovinadel compositor valenciano Salvador Giner(1832-1911). Un estreno de gran significación que va más allá de sus méritosmusicales  por varias razones: en primerlugar, porque se rescata una obra de uno de los compositores valencianos  más prolíficos, con un catálogo de mástrescientas cincuenta obras; en segundo lugar, porque se trata de una ópera, suprimera ópera, nunca estrenada, algo no habitual; y en tercer lugar, por elcontexto musical en el que se sitúa su composición.


Salvador Giner se inició en la lírica en los años posteriores a La Gloriosa, cuando la ópera vivía ennuestro país un auge sin precedentes. Se inició nada más y nada menos que conuna ópera italiana y no con una zarzuela, cuando era este último el géneroimperante en aquellos años. Lo hizo siguiendo el modelo italiano, pero no elrossiniano, sino el modelo italiano nuevo. Y lo hizo, además, con un argumentopatriótico italiano, alejado de la historia hispana, y encima escrito enitaliano. Para ello siguió de cerca el esquema verdiano de cuatro actos y unpreludio, muy similar al de  Macbeth y Un ballo in maschera. Curioso también porque Verdi, a pesar de la presencia de sus obras en los teatrosespañoles, no fue un referente para nuestros músicos como lo fueron Rossini, Donizetti, Wagner o Puccini. 


Giner entra en la composición operística con  un libreto del italiano Temistocle Solera, l’Indovina,un argumento endeble, aunque no inferior al de otras óperas de la época.Afincado en España desde 1845, Solera es conocido por haber escrito para Verdilos libretos de Nabucco e I lombardi. En lo musical Giner parte deuna gran orquesta y una orquestación magistral, tremendamente densa que seconvierte en el auténtico eje vertebrador de la obra. Al igual que en muchasóperas del maestro de Busseto, el coro se erige con un papel importantísimocomo representación del pueblo. El canto, alejado del belcantismo, sinflorituras, está totalmente al servicio del drama con abundantes momentos degran belleza.


La dirección de Cristóbal Soler fue esforzada, con algunos subrayadosinteresantes. El elenco vocal se debatió entre las luces y las sombras, mejorlas voces femeninas que las masculinas. El tenor José Luis Solá (Sordello)no estuvo a la altura, siendo tapado por la orquesta en numerosas ocasiones. Elbarítono Ángel Ódena (Ezzelino) demostró tener grandescualidades. Tanto la mezzosoprano CristinaFaus (Indovina) como la soprano Svetla Krasteva (Alba) hicieron gala de un gran dominio vocal. Muy sobresaliente fueel emotivo dúo de ambas en el acto segundo.


Una interesante recuperación.


Fotos: Eva Ripoll/Palau de la Música de Valencia

@manologild

Manolo Gil

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