Inspiración para Chopin

Entre las sierras de Tramontana y de Levante se dibujan paisajes de ensueño, enclave de pueblos encantados como Capdepera y Valldemosa con historia y belleza a raudales. Esta semana 360 Grados Press visita de una manera muy personal una de las islas más plurilingües, Mallorca.

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¿Os habéis dado cuenta de que la isla de Mallorca, en una escala mucho menor y con un giro de unos 30º a la izquierda, tiene una forma bastante similar a la de la península ibérica? ¿Sí? ¿No? No importa. El tedio era imponente e inmerso en estas profundas reflexiones me encontraba mientras sobrevolaba en mi asiento de avión el estrecho camino de mar Mediterráneo que separa ambas superficies geográficas.

 

Los libros, Internet y la publicidad me habían contado mucho acerca de esta ínsula más allá de que era un clásico destino de sol y playa con un clima envidiable casi todo el año, que no se podía abandonar sin haber cargado con varias ensaimadas y sobrasada, ideal para tomar en arròs brut o cocinada con miel, y que en ella se hablan más de 160 lenguas, entre habitantes y visitantes, siendo el catalán y el castellano las oficiales.

 

Pero Mallorca reúne en sus poco más de 3.600 kilómetros de superficie mucho más de lo que recogen los medios de comunicación cada verano. Entre sus sierras principales, las de Tramontana y de Levante, un ecosistema idílico invita a visitar sus pueblos de interior. Mis cinco acompañantes y yo intentamos contentarnos con los que a simple vista nos ofrecían los mejores paisajes.

 

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Uno de ellos fue Capdepera, un municipio de montaña de 11.400 habitantes que luce en la cima de su ‘Puig’ un encantador castillo en el que se llevó a cabo la rendición de Menorca. El avispado del Jaime I encendió grandes hogueras en este terreno para que los musulmanes que residían en la ‘isla de la mayonesa’ y vieran en la distancia el fuego pensaran que el soberano cristiano contaba con un gran ejército y se rindieran fácilmente. De esta forma, el Rey de Aragón consiguió reservar sus tropas para la conquista de Valencia y hacerse con esa pieza del puzle balear.

 

Y los retazos de historia, que nunca hacen daño, no quedan ahí, ya que en ese mismo castillo se celebraba por las fechas del viaje un mercado medieval que envolvía a sus habitantes del misterio de la época con una ambientación muy lograda, juegos en modo ‘arcade’ y una rica gastronomía tocada por la magia de sus artesanos.

 

Pero nada más idílico que el pequeño pueblo de calles empinadas y estrechas de Valldemosa. Sus rincones huelen a horchata de almendras, pero también a pintura, a flores, a poesía y a música. Mucho tuvo que ver en los dos últimos olores el que viviera de manera temporal en este encantador enclave el músico Frédéric Chopin con George Sand, pseudónimo de la escritora francesa Amandine Aurore Lucile Dupin, que se inspiraron en la Cartuja y crearon sus conocidos Preludios Op. 28 y Un invierno en Mallorca, respectivamente. También pasaron por la localidad grandes de la talla de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Jovellanos y Santiago Rusiñol.

 

Después de conocer el Castillo de Bellver (uno de los pocos de toda Europa de planta circular y el más antiguo de todos ellos) y el municipio de Andratx (reflejo del ‘asentamiento’ extranjero-turista mallorquín, que representa una cuarta parte de la población), no pudimos perder la oportunidad de cumplir con el mandamiento principal de la primera visita a esta isla balear: conocer desde dentro la Catedral-Basílica de Santa María de Palma de Mallorca.

 

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Declarado Monumento Histórico Artístico en 1931, este templo gótico levantino se asoma al mar sobre las murallas romana y renacentista que protegían a la ciudad, siendo el único de este estilo que cumple con esta característica. Además, es toda una delicia contemplar desde dentro la luz filtrándose a través de su rosetón, el más grande del mundo gótico, sin pasar por alto la majestuosidad de la altura del edificio y de sus trabajados elementos ornamentales.

 

Un fin de semana pasa muy rápido y más cuando transcurre en Mallorca. El vuelo de regreso se convirtió en una amalgama de buenos recuerdos, de cierta morriña prematura y de un contrarreloj de deseos de repetir la experiencia. Intentaremos que la próxima vez se extienda más en el tiempo. Y en el número de ensaimadas y de sobrasadas compradas, que supieron a muy poco.


@casas_castro

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