La vida de un pastor de cabras

Compartimos con el granadino Antonio Colina una mañana de pastoreo

S.C., Almería. Lleva el destino de cientos de cabras. Antonio Colina nació en un pueblo de Granada y desde pequeño se dedica al pastoreo. Su jornada comienza a las seis de la mañana y termina al anochecer. Tres perros le ayudan a vigilar el rebaño de cabras que cuida para que “vayan y vuelvan sanas hasta el cortijo del dueño”, que vive en Turre (Almería). Cada dos por tres interrumpe con silbidos y palabras indescifrables la conversación que mantiene con 360gradospress para orientar a los canes en su tarea de mantener en orden el rebaño antes de que se descarríen las cabras.

“Mi padre tenía ganado, pero eran ovejas. Siempre he ido con ovejas, llevo dos años con las cabras, mis ovejas las vendí”. Antonio tiene 52 años y conoció de pequeño el arte del pastoreo, por imperativos familiares. Acompañaba a su padre en interminables jornadas por la Alpujarra granadina. Llegó el día en que comenzó a conducir el destino de su propio rebaño, aunque lejos de su tierra. Desde hace dos años se encarga de las cabras de un ganadero de Turre (Almería), a las que ha llevado en todo ese tiempo a la Sierra de Cabrera hasta que se produjo el incendio que quemó más de 1.500 hectáreas el pasado verano y dejó sin pasto a las rumiantes.

Antonio se pasa todo el día solo, desde por la mañana hasta las siete o las ocho de la tarde, de lunes a domingo. “Hablo con los perros y con las cabras hasta que las encierro”. El incendio le obligó a cambiar su ruta cotidiana hacia el Parque Natural Cabo de Gata-Nijar, donde se enclava el hotel Algarrobico (Carboneras), de cuya polémica construcción ya dio cuenta 360gradospress. Al pastor le da igual que se construya, “mientras podamos seguir con las cabras y les quede sitio, no pasa nada, estas cabras no son para dar leche, son para hacer chotos”, aprovecha Antonio para explicar la finalidad de su rebaño.

“Las cabras no se van, ni cruzan la carretera, alguna se pierde pero suelen volver todas al cortijo”. Con tanta conversación, el rebaño se ha desordenado, excusa a la que recurre Antonio para volver a pronunciar palabras de su jerga pastoril y llamar a los perros para continuar su camino por la sierra almeriense.

S.C.

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