¡Grábalo!

¿Por qué ese empeño en grabar con los móviles hasta el vuelo de una mosca? Esto precisamente hemos preguntado a profesionales para conocer en líneas generales qué nos lleva a querer registrar infinidad de momentos y, además, compartirlos con premura en las redes sociales.

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Es un concierto intimista. Las butacas empiezan a recibir a sus ocupantes. La mayoría lleva varios meses con la entrada guardada en un sobre impoluto en un cajón de casa. No vaya a ser que se moje, se la coma el perro o salga volando por la ventana. Toda la vida esperando a que este artista actuara en la ciudad, como para que, tras haber hecho cola por el ticket, la cita se echara a perder por un descuido. Parece que va a empezar. Se apagan las luces. La estrella en cuestión deja escapar un chorro de voz y un foco la ilumina. Pero poco a poco miles de luciérnagas electrónicas se apoderan del palco de butacas. Y, a pesar de haber estado custodiando con pasmoso mimo la entrada para ver el concierto en directo, no son pocos los miembros del público que levantan los brazos y, Smartphone en mano, graban sin escrúpulos gran parte –o íntegramente- de la actuación.

 

¿Pero la miga no estaba en ver al cantante? ¿No estaba justificado el desorbitado precio de la entrada porque no habría intermediarios –entiéndase una pantalla de televisión, por ejemplo- entre el artista admirado y el fan? ¿El plan no era, al fin y al cabo, disfrutar del momento?

 

Los smartphones cuentan cada vez con más y mejores prestaciones, como las cámaras que llevan incorporadas y cuyos fabricantes no escatiman en calidad. Ahora bien, cabría preguntarse por qué hemos desarrollado esa necesidad de captar absolutamente todos los momentos. El psicólogo Daniel Pradas apunta, en primer lugar, al hecho de tener al alcance esta posibilidad. “Actualmente tenemos los medios muy a mano; en el bolsillo sin ir más lejos”.

 

Pero “¿cuántas veces hemos grabado cosas con el móvil y nunca hemos vuelto a ver esos vídeos y nos hemos perdido ese momento único e irrepetible en directo por la obsesión de registrarlo?”, se pregunta Pradas. Este fenómeno está ligado, sostiene el experto, con el uso de las redes sociales. En sus palabras, éstas “han despertado en cierta manera el gen voyeur, sobre todo en el placer de que nos vean más que ver”.

 

“Aquí y ahora”[Img #22546]

Más allá del empeño por captar el momento, “existe el gusto por que los demás conozcan que estamos viviendo ese momento”. Para Pradas, de algún modo, “se vive al servicio de la inmediatez, del aquí y ahora. Grabo el vídeo y tengo que subirlo ya”, ilustra. ¿Y eso por qué? “Una de las explicaciones se basa en el deseo de mostrar que nuestra vida es idílica o hacer creer que así es, aunque no sea cierto”, asegura el psicólogo. La holandesa Zilla van den Born dejó el mundo boquiabierto hace un año y medio aproximadamente con su proyecto universitario cuando hizo creer –a su familia incluida- que estaba viajando por el sudeste asiático, colgando fotografías adulteradas en Facebook. Quería demostrar y poner el foco en el enorme poder de manipulación de la realidad que tienen las redes sociales.

 

Si bien esta joven era totalmente consciente de que estaba fabricando una vida paralela, el riesgo está precisamente “en no estar viviendo tu propia historia, sino la que se construye para otros”, advierte Daniel Pradas. Concretamente, los míticos me gusta de la red social Facebook “son un refuerzo positivo. 32 me gusta, pues 32 refuerzos positivos y 32 personas que te están pidiendo una nueva foto. En Twitter este papel serían los retuits y los favoritos. También ocurre en Instagram. Son pequeños premios”, expone. En todo este fenómeno existe también un componente de imitación. “La gente famosa te dice cada dos por tres dónde está y qué está haciendo. En parte, son un modelo a seguir para muchas personas”.

 

La también psicóloga Sheila Gómez apunta en esta misma dirección: “si estás más pendiente de contarle al mundo la actividad tan estupenda que estás desarrollando, que de centrarte en la acción en sí misma, tal vez no estás disfrutándola tanto como crees”. En este sentido, Gómez recuerda la importancia de desconectar en estas fechas vacacionales. “Es un hábito saludable apagar los dispositivos móviles para gozar del verano y de la realidad circundante y palpable”, aconseja. 

 

No está de más matizar, indica Pradas, que “no pasa nada por grabar situaciones, como cuando estamos de viaje, pues esos vídeos ayudarán después a evocar momentos de felicidad”, pero siempre y cuando, coinciden ambos profesionales, “no prioricemos la grabación a la propia vivencia.”


@Lorena_Padilla

Laura Bellver

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