Filantropía navideña

La Navidad es una época en la que afloran sentimientos positivos como la bondad, el amor y el altruismo y muchos se animan a colaborar como voluntarios en la recogida de juguetes y de alimentos para personas desfavorecidas. Pero, ¿de dónde procede esta filantropía navideña tan puntual que, en muchos, se desvanece tras el día de Reyes?

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¿El ser humano es bueno por naturaleza? ¿Es la sociedad quien lo corrompe? ¿Es el hombre un lobo para el hombre? Según explica Sheila Gómez (@psicoesfera), psicóloga clínica y sanitaria, “todos nacemos con la capacidad de empatizar con los demás, es decir, de conocer los sentimientos de otra persona, sentir lo que ella siente y responder compasivamente ante su aflicción”, pero esta habilidad se ve “afectada por otros factores presentes en nuestro desarrollo como la educación, la cultura o el entorno social”.

 

No es raro hacerse este tipo de preguntas en fechas tan señaladas como la Navidad. Una época en la que el tiempo y el transcurrir diario se detienen (o al menos se suavizan) para tratar de edulcorar cada minuto de elementos que nos han sido inculcados por la cultura, cada vez más globalizada, y que representan los sentimientos más puros y positivos que hay en nosotros: la bondad, el cariño, la paz, la solidaridad y el altruismo.

 

Cocinamos platos abundantes y suculentos específicos para esta celebración, hacemos regalos y ofrecemos muestras de amor a nuestros seres queridos, recordamos a los que un día quisimos y que se mantienen en nuestros corazones. Espolvoreamos nuestras mentes de dulces sentimientos, acudimos con otro humor al trabajo, cantamos villancicos y recibimos en nuestros hogares a personas a las que no hemos dedicado ni un minuto de nuestra tarifa telefónica para saber qué tal estaban – siempre generalizando – durante el resto del año.

 

También, si dejamos espacio en el estómago entre tanta comilona, nos da incluso por pensar en gente que ni conocemos: adultos y niños en situaciones económicas duras y riesgo de exclusión social. Se despierta la vena solidaria, incentivada para la publicidad y los telefilms navideños, en nosotros y decidimos donar juguetes, recoger alimentos y participar en las campañas que las ONG se esfuerzan por desarrollar en estas fechas de sobregasto – y casi derroche – económico. Nos lanzamos al voluntariado. De hecho, en muchas de estas asociaciones, el número de colaboradores se duplica durante la Navidad.

 

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Pero, ¿qué hay de filantropía desinteresada y de alivio de conciencia en estos actos bondadosos tan puntuales que realizamos estos días? Puede que una pizca de cada, aunque Gómez se decanta, a pesar de todo, por la primera opción. “Estos sentimientos positivos provienen de nuestra conducta prosocial, cuando ayudamos al otro, porque, por empatía, entendemos que está sufriendo y, a su vez, nos aporta una sensación de bienestar con nosotros mismos al sentir que hemos hecho algo bueno por alguien”.

 

Un sentimiento que va incrustado en nuestro ADN, pero que también se potencia a través de la educación. Como indica la psicóloga, si un niño conoce desde pequeño cómo vive otro más desfavorecido, que no tiene juguetes, si se le enseña la importancia de compartir con los demás y lo divertido de cooperar y no solo competir, podrá ser un adulto más solidario.

 

La Navidad actúa como alarma en nuestros cerebros para recordarnos que muchas personas no tendrán un lugar confortable donde pasar las fiestas, ni regalos que les ilusionen. Es un tiempo en el que nos sentimos más predispuestos a ayudar, también, por los periodos vacacionales que nos liberan durante unos días de las ataduras y responsabilidades que nos colocan la venda en los ojos durante el resto del año.

 

Además, “gracias” a la crisis económica, muchas de las personas que antes disfrutaban de una situación boyante, hoy ven de cerca a quienes llevan toda su existencia en esa situación de inestabilidad. “La crisis ha hecho que la gente sea más solidaria, porque nos identificamos con los problemas de los demás y los hacemos nuestros”, añade la psicóloga. Incluso muchos de los que actualmente se encuentran en situación de desempleo, se deciden estos días a colaboran con las ONG con el ánimo de “hacer algo bueno con su tiempo y sentir que realizan una labor necesaria en una causa que realmente les preocupa”, como indica Gómez.

 

Despertar conciencias durante la Navidad

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A pesar de ser un acto con mayor incidencia durante la Navidad, la solidaridad se mantiene constante entre algunos voluntarios durante todo el año. Personas que en silencio y sin hacer demasiado ruido ponen día a día su granito de arena para ayudar a aquellos que lo necesitan. Desde la Fundación Aliatar (@aliatarf), en Jaén, Mª Cruz Montoro (@mcruzmontoro), directora de proyectos, cuenta que las fiestas sirven para que en enero, después de todo el alboroto navideño, muchos se lancen a colaborar. “Durante la crisis hemos potenciado las necesidades de la sociedad entre los jóvenes, además de políticas y valores solidarios que han acercado a muchos de ellos a nuestras oficinas”. En estos días, la Fundación recauda y reparte juguetes entre niños en situación de exclusión social, recoge alimentos y vuelca todo su cariño a personas mayores en residencias de la mano de sus colaboradores.

 

Los voluntarios de Ayuda en Acción Zaragoza (@ayudaenaccion) dan un paso más allá y gestionan una tienda solidaria, hasta el 5 de enero, donde se venden desde productos de alimentación de Comercio Justo (@ComercioJustoDF) y artesanía hasta ropa y antigüedades. “Nos volcamos en defender que la gente puede hacer otro tipo de consumo en estas fechas y hacer partícipes de su espíritu navideño a personas que lo necesitan”, asegura Ángela Millán, responsable de Alianzas Estratégicas y Relaciones Internacionales en la ONG.

 

Por su parte, Scouts Madrid (@scoutsdemadrid) está llevando estos días La Luz de la Paz de Belén a cada provincia española, una llama que hace ya algunas semanas que se encendió en la ciudad palestina y que se hace llegar a cada país de tradición católica. “Sabemos que las personas actúan de forma solidaria y más centrada en Navidad, pero no es algo que podamos rechazar, ya que toda colaboración es bienvenida y agradecida”, valora Miguel Ángel Urbano (@MiguelUrbano_), delegado de Scouts Madrid.

 

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Y es precisamente en el país en el que se prende esta luz pacificadora, Palestina, donde un grupo de afortunados van a vivir estos días una de las experiencias más enriquecedoras de la mano de la AIPC Pandora (@AIPCPandora), que gestiona viajes solidarios en los que conocer campos de refugiados, entrevistarse con políticos pro ayudas humanitarias y convivir con mujeres y niños, comer lo que ellos comen y participar de su cultura y de sus costumbres. “Estas personas regresan a casa concienciadas de lo que existe fuera de sus confortables fronteras y con ganas de colaborar como voluntarios en acciones como la nuestra”, cuenta Neus Gozalbo (@neusgoza), responsable de comunicación de Pandora.

 

“Es conveniente dejar de lado el turismo convencional de vez en cuando”

Uno de estos suertudos fue Helio Islán (@helioslan), traductor-intérprete de árabe madrileño, que visitó tierras palestinas durante la pasada Semana Santa. “La experiencia fue fantástica y altamente recomendable. Fueron seis intensos días disfrutando de un contacto directo con personas y organizaciones de Cisjordania: una oportunidad única para conocer de primera mano la vida diaria del pueblo palestino”, recuerda Islán. Destaca la actitud de sus gentes, su paciencia respondiendo a sus preguntas, “su calidez y hospitalidad, su positivismo y espíritu constructivo frente a la dura e injusta realidad que viven” cada día. “Es conveniente dejar de lado el turismo convencional de vez en cuando. Y es responsabilidad de todos conocer las violaciones de derechos que sufren pueblos como el palestino, tomar conciencia y hablar de ello para que no quede en el olvido”, concluye el viajero solidario.


Fotografía de la portada exterior obtenida de Flickr bajo licencia Creative Commons. Autora: Jacqueline Torres López.

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