Secuestrado en Asturias

Aparentemente, el jefe de Peláez es un hombre al que nada importa, una persona que pasa por encima de todos los demás, que no depende de nadie, que tiene –o cree tener– el mundo a sus pies. Sin embargo, cuando se enteró de que su súbdito iba a irse a Los Ángeles a cubrir los Oscar no dudó en ordenar al redactor de sucesos que lo secuestrara y se lo llevara a una casa rural en Asturias a comer fabada y arroz con leche.

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Y es que el director del periódico no duda en tomar lasmedidas que sean necesarias para su bienestar o para el bienestar de subolsillo como, por ejemplo, no permitir poner nunca la calefacción o pensar quela solución a sus males sería poner una carnicería en lugar de la redacción.

 

Jueves, 21de febrero

 

– ¿De qué escribe,Pelaecín?
– De lo de siempre,jefe.
– ¿Poemas de amor nocorrespondido?
– No, jefe, de lacorrupción masiva.
– No me joda.
– Le jodo.
– ¿Han añadido el IVAtambién a la corrupción?
– No, jefe, masiva,extendida, generalizada.
– Ah… qué susto meha dado, pensé que me iban a aplicar a mí también el 21 por ciento como a losdelincuentes de la cultura.
– La corrupción eslo que es delincuencia, jefe.
– No se crea…
– Por supuesto…
– Venga, le doycincuenta eurillos si no escribe sobre la corrupción…
– Está siendocorrupto, jefe, ahora mismo…
– Sesenta.
– Yo confiaba en suintegridad…
– Ochenta y unfrigo pie.
– No. Además,estamos en invierno.
– Cien y un caldode gallina.
– Que no, jefe.
– Está bien, hagalo quiera. Yo glup me tomo el caldo glup y a vivir.

 

Viernes, 22de febrero

 

– ¿Qué es eso,Peláez?
– Una maleta, jefe.
– Ya me parecía. ¿Seva?
– Sí.
– ¿Para siempre?
– No, jefe
– ¿De enviado espacial?
– Especial.
– ¿Adónde?
– A Los Ángeles.
– ¿De San Rafael,provincia de Segovia?
– No, deCalifornia, Estados Unidos.
– Hostia puta, ¿Aqué?
– A los premiosÓscar.
– Llámeme jefe, noÓscar.
– Si usted no sellama Óscar, jefe.
– Pues por eso.
– Son los premiosdel cine norteamericano, en cualquier caso.
– Me encanta esecine.
– ¿Ha visto Argo?
– ¿Algo? Lo hevisto todo.
– ¿Qué le pareceLincoln?
– Mal.
– ¿Mal?
– No me fío de lostipos con barba y sin bigote.
– Ya… bueno… me voya cruzar el charco.
– ¿Seguimos con lagotera?
– El océano, jefe.
– Jodón… llame alfontanero antes de irse.
– Lo haré.
– Le echaré demenos.
– ¿De verdad?
– Claro, Mangútez.
– Peláez.
– Encantado.

 

Lunes, 25de febrero

 

– ¿Qué le pasa,Peláez?
– Muy simpático.
– Yo no tengo la culpa,hijo…
– Estoy harto de sustruquitos para no dejarme ir a ninguna parte…
– Los Ángeles erademasiado lejos, Peláez.
– Podría denunciarle,jefe.
– ¿Le han maltratado?
– Me ataron las manos,me amordazaron, me metieron en un maletero y me encerrarondos días en una casa rural en Asturias.
– Muyprofesionales, sí señor.
– Eran unosmatones, jefe.
– Algo tiene quehacer el redactor de sucesos, Peláez.
– ¿Tan grave eraque cubriera los Oscar?
– Quién sabe,Peláez, ¿y si ve algo fuera que le gusta? ¿Y si no quiere regresar? ¿Y si lepierdo para siempre?
– Un secuestro nopuede ser la solución.
– Les dije que ledieran fabada para comer…
– Lo hicieron,jefe.
– ¿Y qué tal?
– Prodigiosa.
– Qué envidia. ¿Yel compango?
– Sublime. Pero notergiverse la conversación…
– No, no… pero…¿y de postre?
– Arroz con leche.
– Dios, qué suertetiene, Peláez.
– Y usted qué jeta,jefe, qué jeta.

 

Martes, 26 de febrero

– ¡Ayyyyyy!!!!
– ¿Qué pasa, Peláez?
– ¡Ayyyyyyyyy!!
– ¿Pero qué le pasa?
– Me está tirando del dedo gordo del pie, jefe… ¡ayyy!
– ¿Esto es su dedo?
– ¡Claro!
– Caramba, creí que era una piedra de hielo. Me iba a tomar un whisky.
– Pues no, era parte de mi anatomía…
– ¿Y cómo está tan frío, carajo?
– Porque llevamos todo el invierno sin calefacción. Mire a ese.
– ¡Al ladrón!
– No, es Ruipérez, de archivos, lleva cuatro meses con el pasamontañas.
– Es posible que esté algo fresquito, sí…
– ¿Fresquito? Hace un frío de muerte, no hay quien trabaje así…
– Lo reconozco, Peláez, lo reconozco. Además, estoy viendo un pingüino en la redacción.
– No, jefe, ese es Gómez, el crítico teatral.
– ¿Y esa pinta?
– Esta noche va a un estreno.
– Cómo viven algunos.
– Lo sé. Aquí tiene mi artículo sobre Bárcenas.
– No entiendo nada, Peláez.
– Lo siento, lo escribí con manoplas.
– Está bien, está bien, ponga un rato la calefacción y cuando termine el capítulo apáguela.
– Gracias, jefe.
– De nada, nadie.

Miércoles, 27 de febrero

– Siete por dos catorce llevo una…
– ¿Qué hace, jefe?
– Cálculos complejos, Peláez.
– ¿Para qué?
– Estoy pensando en poner una carnicería.
– ¿Dónde?
– Aquí
– ¿Aquí?
– Sí, en la redacción
– ¿Y el periódico?
– Lo sacaremos solo algunos días, cuando cuadre.
– No podemos hacer eso, jefe.
– Claro que podemos, hay que innovar, todo el mundo lo dice.
– Pero el periódico ha de salir todos los días.
– ¿Por qué?
– Porque es un diario, jefe.
– Mierda de lenguaje, siempre jodiendo.
– Además, ¿qué sabe usted del negocio de la carne?
– Llevo sesenta años zampando chuletones.
– Ya, pero no es igual estar a un lado que otro.
– Quizás tenga razón…
– Venga, olvídelo, y dediquémonos a lo nuestro.
– ¿Otro parchís?¿No se cansa de perder?
– Me refería al periodismo.
– Ah vale… bueno…si no queda más remedio…


Loscables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico deprovincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebookde 360gradospress.

La foto es de Marga Ferrer.

David Barreiro

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