Tomates entre la autovía y el cementerio

Vicente Sevilla cuida una huerta de 2.000 metros cuadrados en el acceso a la ciudad de Valencia desde Barcelona

S.C., Valencia. Tomates, calabazas, cebollas, zanahorias, rábanos, lechugas, habas, maíz, alubias, pimientos italianos… Hortalizas y verduras crecen en silencio en uno de los últimos rincones de vida verde antes de entrar en la ciudad de Valencia desde la autovía de Puzol (que soporta el tráfico procedente de Castellón y Barcelona). Un jubilado de 72 años rellena su tiempo a diario cuidando una huerta de apenas 2.000 metros cuadrados rodeada de vallas publicitarias y de asfalto y acosada por los miles de vehículos que pasan a su vera a lo largo del día. “Hasta que el dueño no se ponga de acuerdo con los del cementerio, pues yo seguiré plantando aquí”. La producción de Vicente Sevilla es para el consumo propio y considera una “lástima que vaya desapareciendo la huerta, aunque, claro, como al agricultor tampoco se le paga mucho pues pasa lo que pasa”.

Tiene 72 años y es vecino del barrio de Benimaclet (Valencia). Todos los días aparca su coche en el trocito de vía de servicio que sobrevive junto a la V-21 o autovía de Puzol, justo al lado del cartel anunciador de la llegada de los vehículos a la ciudad de Valencia, bajo diez vallas publicitarias coincidentes con el muro del cementerio parroquial de la barriada. La parcela que cuida, de unos 2.000 metros cuadrados, es propiedad de una persona que aún no ha llegado a un acuerdo económico para que pase a formar parte del camposanto. Mientras, Vicente Sevilla llega todas las mañanas a su huerta improvisada, equipado con aperos de labranza y con una silla plegable de jardín para rellenar su tiempo de jubilado con una faena a la que ha dedicado gran parte de su vida.

2.000 pesetas y cinco días comiendo gratis en la Diputación
Como muestra de que Vicente y la agricultura van de la mano, rescata de su cartera para 360gradospress una fotografía que atestigua su triunfo en el concurso de siega de alfalfa con hoz, celebrado en Silla en 1961. “En 30 minutos segué media anegada, eso sí, como era la época de la dictadura, para participar tenías que apuntarte a la Falange”. De premio, obtuvo 2.000 pesetas “de las de entonces y estuvimos una semana comiendo gratis en la Diputación”.

No sabe cuánto tiempo podrá seguir recogiendo el fruto de esta huerta enconada entre el bullicio de la vida urbana, pegada al asfalto de la autovía y cercada por un cementerio que pide a gritos una ampliación. Lo que sí tiene claro Vicente es que, mientras conserve este rincón verde, disfrutará de su mayor afición: la agricultura.

Óscar Delgado

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