Puntualidad

Ser puntual tiene sus ventajas y sus desventajas. En el ámbito de las bonanzas, ser puntual es un rasgo por el que cualquier persona definiría con aplauso al que lo es, incluso se podría llegar a quedar prendado de aquel que cumple con exquisitez británica el horario de la cita. Sin embargo, cuando se enquista un puntual en un entorno donde nadie lo es comienzan a aflorar esas desventajas del ser puntual.

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El primero que llega a un sitio, por exceso de puntualidad, lo pasa mal. Lo pasa mal porque si está ahí es porque a él no le gusta hacer esperar a nadie. Se somete, pues, a la circunstancia que por generosidad no deseaba al tercero pero que sufre en sus propias carnes en cuanto que ése no está en el lugar indicado. El reloj es el peor aliado en un contexto similar. El afectado puede llegar a familiarizarse de forma alarmante con el tic de mirar la hora segundo sí, segundo también; revolotear con sus pies sobre una misma baldosa, o dos, durante el tiempo de agonía; decir tres veces ‘no’ al repartidor de publicidad que, como él, pasa calor en la calle; suspirar hasta sentir ansiedad y contar 33 para que cuando llegue la persona indicada no sufra la ira del puntual.

Si la cita se produce en un restaurante, el puntual gastará todas las energías que se ahorra el que llega tarde. Preguntará por la mesa, se peleará con el camarero a cada ‘¡permiso!’, sudará tinta china de pie, mientras llega el otro u otros comensales; sentirá vergüenza de su soledad; pedirá disculpas cien veces a la gente anónima citada de antemano por puntuales e impuntuales; reirá como lo hacen los falsos cuando actúan; y estallará de emoción cuando vea a la persona con la que ha quedado.

Los puntuales, al fin y al cabo, deben existir para que todos los trámites de la espera sean tenidos en cuenta por los que no lo son. Agentes necesarios de un mundo loco que necesita el orden de los que confían en la educación de unas formas perdidas hace tiempo. Os dejo, que tengo otra cita y llego tarde.


@os_delgado o @360gradospress

Patricia Moratalla

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