Palabras secuestradas

“Pero el agua recorre los cristales musgosarnente: ignora que se altera, lejos del sueño, todo lo existente”. Son versos del poeta mexicano José Emilio Pacheco, que se fue al otro barrio y nos dejó un reguero inmenso de talento floreado de estrellas. Las palabras nunca mueren, se pegan como chinchetas en nuestros corazones y nos conducen por los caminos más correctos, como manos de lazarillo o faros de luz resplandeciente. Las palabras son esos pequeños tesoros que a veces no sabemos manejar, incluso despreciamos. Los dictadores son enemigos de las palabras. Ellos prefieren la oscuridad y el silencio.

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Los malvados suelen adulterar elestado de las palabras, las agreden y sangran, con el artero fin de confundir alas personas.

No hay peor mentira, ni más dañina,que una verdad mutilada; esa verdad sin piernas que quedó encerrada en elcuarto oscuro de la manipulación. Y cuando sale causa un efecto devastadorentre la gente.

El otro día, Mariano Rajoy hablaba en”su” televisión y anunciaba que “lo peor había pasado”, que “los ajustes hanterminado”, y que él, desde su sillón de las ideas que siempre permanecen, esconsciente de los problemas que “han tenido los españoles…” Siempre hablandoen pretérito, como si el huracán de la devastación más espantosa desde la granguerra hubiera pasado y ahora ha salido el sol y el bienestar nos sonríe denuevo.

No saben (o sí, me temo) el daño quenos hacen con esas medias verdades tan mentirosas y llenas de dinamita. Vivenen otro planeta, definitivamente.

Porque aquí, hoy, todavía, la gentesigue sin poder llegar a fin de mes, la luz es un bien que no todos alcanzan,el frío desgarra los huesos porque no hay calefacción, muchas familias comen siemprelo mismo y los desahucios son un fantasma que se aloja en la puerta de muchascasas.

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No usen las palabras contra laspersonas. No secuestren las palabras. Las palabras son sinónimo de vida, unaluz que nos conduce y evita que caigamos en el abismo. Las palabras caminan anuestro lado, nos traen amaneceres y huelen a libertad. “Hasta que al fin,en sangre, en su sólo sí misma, en mi ir traspasando mis propios sentimientos,la obtengo, mato, muero“. Lo escribió Gabriel Celaya mirándote a los ojos ysus palabras viven. Ellos las matan.


@butacondelgarci
Foto: Carmen Vela

Estefanía G. Asensi

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