Más que un ganadero

Por Estefanía G. Asensi, periodista

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El ganadero y empresario Juan Pedro Domecq Solís siguió criando reses bravas con la filosofía de su antecesor: un toro con “la capacidad de embestir hasta la muerte”. Con esa idea sobre los toros bravos creció Juan Pedro, quien dotó a su ganadería de un sello personal en el que prima la ‘toreabilidad’ del animal y como él mismo nombró en un sinfín de ocasiones, su idea era crear un toro ‘artista’.

No es de extrañar que los mejores diestros quieran verse anunciados con esta ganadería que tiene como seña de identidad la ‘toreabilidad’. Pero ese concepto no solo trajo triunfos a Juan Pedro, también críticas, y muchas, en los últimos años. Sin ir más lejos, en Valencia, donde sus toros ya sea con su nombre o con el hierro de Parladé no han estado ni mucho menos a la altura de una plaza de primera.

Sin embargo, Domecq ha pasado a ser uno de los ganaderos más importantes del campo bravo y eso se debe en gran medida a sus innovaciones, a la ciencia aplicada a la ganadería pues desarrolló, junto a la Universidad Complutense de Madrid, un proyecto pionero  para la selección genética de la ganadería y una gran dedicación al estudio del toro bravo. De ahí que infinidad de ganaderos hayan apostado por la simiente de los juampedros a la hora de crear sus vacadas.

Así pues, aunque un inesperado accidente de tráfico acabó con su vida la semana pasada cuando se dirigía a su finca Lo Álvaro, lo cierto es que Juan Pedro no se ha ido del todo porque deja un el legado a la Tauromaquia incomparable.

A partir de ahora será tarea de sus descendientes continuar con esta estirpe ganadera que comenzó con Juan Pedro Domecq Núñez de Villavicencio y que siguió con el padre de Juan Pedro Domecq Solís, Juan Pedro Domecq y Díez.  

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