La búsqueda del consenso

El número de mujeres que desconfía en el feminismo es desconcertante para el propio movimiento. Las actuaciones y afirmaciones de políticos, celebridades, periodistas… así como de feministas radicales, que se alejan del verdadero significado del feminismo, ha provocado que muchas personas hayan perdido su fe en este y teman o se avergüencen de definirse como “feminista”.

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En un día como el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, son muchas las que salen a la calle para protestar, para armar jaleo, para que no se olvide: las mujeres somos la mitad de la población y tenemos derecho a los privilegios que poseen los hombres -por la única condición de serlo-. Sin embargo, aún son muchas las que no creen en el feminismo, las que piensan que se ha instaurado una malinterpretación en la sociedad y que desde esta será imposible avanzar.

 

No se trata de que salgas a la calle y lo grites, que te manifiestes el 8 de marzo o que publiques mil entradas en las redes sociales para demostrar tu implicación en el tema. Hay muchas feministas que no saben que lo son. Ese es uno de los mayores peligros del feminismo: perder seguidores por el simple hecho de que no saben que lo son. Este puede ser el caso de mujeres como Lali Corralero (limpiadora) que habló en el programa Salvados, en el capítulo Nosotras.

 

¿Te gusta que te hagan comentarios en el metro?                                                                         

¿Qué decidan por ti?

¿Qué menosprecien tu trabajo, tu esfuerzo o directamente ni lo tengan en cuenta por el simple hecho de ser una mujer?

¿Te molesta que se realicen estudios médicos en hombres, sin tener en cuenta las características propias de las mujeres?

¿Te chirrían los comentarios de algunos amigos que, con la excusa de la broma, hieren tus sentimientos?

 

El feminismo ha sido un pozo inagotable con el que se ha definido cualquiera que vea los abusos que reciben las mujeres. Desde aquellos más radicales a otras más pasivas, que aceptan las mejoras pero no se preocupan por su desarrollo. Esto solo ha provocado que muchas y muchos se alejen de su verdadero objetivo.

 

El 8 de marzo ha de servir para denunciar los abusos que reciben las mujeres, la falta de seguridad, las desigualdades, las injusticias… pero también para denunciar las malas prácticas de aquellos que en nombre del feminismo solo han logrado que este se deslegitime. Las discusiones internas del movimiento también se deben debatir ya que será en estas discrepancias donde hallemos a nuestro peor enemigo: la desconfianza en el movimiento de aquellos que sufren y no ven a nadie capaz de ayudarles.

Sharon Reguera

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