A la playa

Por Óscar Delgado, periodista

“Dejo la ciudad, voy a mojarme el culo a la playa”. Frases como ésta las despachan con cierta asiduidad en los últimos días aquellos que creen tener la suerte de coger el coche familiar para desembarcar durante una, dos, tres o cuatro semanas en las maravillosas, calmas, tranquilas y apacibles playas de nuestro litoral. Falta colocar entre el cúmulo de adjetivos apuntado las preceptivas comillas escépticas que pongan en duda si las vacaciones de los que lucen de abandonar las ciudades serán todo lo espectaculares que imaginan. Algunos municipios costeros se han convertido en verdaderos monumentos al estrés comercial heredado de las grandes ciudades: centros comerciales, atascos, circunvalaciones, ausencia de aparcamientos, colas, empujones, completo, lleno, móviles a pleno rendimiento, alaridos, martillos que trabajan al sol para remediar la fuga de aguas fecales procedente del hotel ubicado en la primera línea de playa…

Es difícil tener envidia, pues, de los que cogen las de Villadiego en dirección al modelo turístico de sol y playa. Se ha desbordado tanto, se ha masificado de tal manera que a nadie la amargará un dulce cuando su jefe le sitúe en la mesa de su puesto de trabajo hasta más ver, esto es, hasta el suave otoño del septiembre tardío, aquel oasis vacacional cuya parada queda lejos, aunque no tanto.

José Miguel Vigara

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