Ópera ‘furera’

La Fura del Baus saca a la calle su versión particular del Anillo del Nibelungo en el II Festival del Mediterráneo

F.C., Valencia. No era el Rhin, sino el viejo cauce del río Turia el que acogió las noches del jueves 25 y del domingo 28 de junio la versión particular de La Fura dels Baus en la producción valenciana del Anillo del Nibelungo, bajo la dirección musical de Zubin Metha, en el II Festival del Mediterráneo. ‘Anell de llum’ o la mirada furera a la tetralogía de Richard Wagner se representó bajo un alarde de visuales, combinaciones musicales, luminotecnia, efectos especiales y, por supuesto, ópera. Ingredientes de una puesta en escena propia sustentada por la experiencia de los maestros internacionales del espectáculo de calle.

Con efectos especiales más propios de otra historia relacionada con el poder y los anillos, como la trilogía de Tolkien, La Fura dels Baus repitió por segundo año consecutivo en Valencia la representación particular de las escenas de una de las óperas más largas que existen: El anillo del Nibelungo. Como es muy difícil sintetizar una obra magistral de 15 horas de duración en tres cuartos de hora, la versión furera tiró de majestuosidad en la interpretación de las escenas clave de cada una de las partes de la tetralogía. Una grúa de más de 100 metros de altura, cuatro torres de iluminación y el mostrenco Palau confirieron los ingredientes de la puesta en escena ante unas 4.000 personas que asistieron, banqueta y bocadillo en mano, a una interpretación operística hecha para la masa.

Las luces de la ciudad, caracterizadas por el ámbar de los semáforos desactivados, el verde de los que se mantenían en funcionamiento, el naranja de las farolas y las proyecciones del espectáculo, no fueron más que el marco de unas habilidades malabares e interpretativas que no dejaron indiferente a los que se toparon de casualidad con el evento o a quienes no habían estado en la misma versión representada hace un año. Como si de una aparición propia de hadas se tratara, la vida comenzó en el Rhin con el robo del oro a las ninfas, sorprendentemente representadas en tres cubiletes repletos de agua que cayó sobre la escena en el momento en que Alberich se hizo con el mineral deseado.

Un golpe de efecto ensordecedor con la transición musical, intercalada a lo largo de toda la representación y protagonizada en vídeo por la dirección las piezas más emblemáticas de la ópera desde la batuta de Zubin Metha, significó la cuenta atrás de la llegada de gran parte de los principales personajes del Anillo del Nibelungo en su lucha por el poder que concluyó con un paseo de la valquiria entre el público y la construcción de una arquitectura humana como morada de los dioses que durante la noche del pasado jueves tuvieron un solo nombre: La Fura dels Baus.

Alberto Tallón

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