cómics de mujeres
Las mujeres creadoras reivindican cada día que no se etiquete su trabajo por su sexo, si no por su temática o su calidad. Fotos: MARGA FERRER

No son ‘cómics de mujeres’

David Casas
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No, las mujeres no escriben cómics de manera diferente a los hombres. Ni tienen un estilo o una sensibilidad especial que les diferencia en demasié de sus colegas masculinos. Aunque la discriminación que durante décadas ha existido en el mundo de los tebeos haya sido evidente, los ojos que disfrutan de las aventuras y de las historias más variopintas en el sector de la novela gráfica no tienen por qué distinguir el sexo de la persona que ha ilustrado e ideado cada trama, si no lee previamente el nombre del autor en la portada. Sus manos pueden ser mejores, iguales o peores que las de los varones para crear personajes a los que odiar, amar, idealizar o temer. Los suyos no son ‘cómics de mujeres’.

Una defensa por unificar la versatilidad de estilos dentro del concepto del diseño del cómic, lejos de distinciones de género, que luchan por manifestar las creadoras que hoy trabajan por dar a conocer su producto ante las editoriales y el público sin necesidad de recibir una atención diferente, ni de favor ni de discriminación, por el simple hecho de ser mujeres.

Gracias a las redes sociales, en la actualidad encontramos con más facilidad viñetas de temática cotidiana realizada por mujeres españolas como la reivindicativa Raquel Córcoles y su Moderna de pueblo o la ingeniosa Agustina Guerrero y su Diario de una volátil. Pero hay muchos más grandes nombres femeninos en el mundo de la ilustración para cómic, que comienzan a hacer visible su trabajo en un terreno que tradicionalmente ha sido de hombres. Sin etiquetas. Sin estilos concretos.

Como la diseñadora madrileña Carla Berrocal defiende, “las mujeres hablan de lo que quieren” y comienzan a ocupar un espacio que no tenían. “Somos más, cada vez más diversas; tratamos muchos temas que antes no se trabajaban y esa falta de contenidos es lo que ha acercado a las mujeres a la industria”, asegura Berrocal, que denuncia que existe discriminación estructural, razón por la que “muchas autoras aún sigan sin aparecer en prensa o sus obras sin ser seleccionadas por la crítica; por no hablar del reconocimiento a la trayectoria en el caso de las más veteranas”, valora la artista.

Ella misma ha sufrido esta situación en sus carnes. “Muchos editores alaban mi trabajo, pero son pocos los que se ofrecen a editarlo; no creo que lo vean muy comercial y eso en los tiempos que corren siempre es complicado”, admite Berrocal, que trabaja un estilo clásico, pero con un concepto moderno y minimalista en sus diseños bajo un discurso comprometido que pueda “ayudar a cambiar el mundo”, indica.

Mujeres como elemento de márquetin

La autora gallega Xulia Vicente relaciona los motivos de la discriminación hacia las creadoras femeninas con las expectativas respecto a su trabajo, “considerado menos serio, no interesante para el público masculino o, directamente, ‘femenino’”, que asegura que viene alimentado por la “actitud del mercado y de los medios, empeñados” en marcarles como una categoría aparte. “Somos como mujeres un elemento de márquetin y he podido notar en algunos ámbitos del sector que existe un cierto paternalismo con respecto a nosotras; incluso percibimos cierto rechazo cuando las autoras españolas de cómic decidimos organizarnos como colectivo”, denuncia la ilustradora.

A pesar de ello, considera que la realidad laboral de los creadores es la misma, sin diferencia de sexos. “Es imposible vivir de esto, porque, además de que cobramos un porcentaje mísero por nuestro esfuerzo, que jamás compensa las horas invertidas en el proyecto, en España hay muy pocos lectores. Tenemos que apoyarnos constantemente en encargos de ilustración o trabajar para países extranjeros con el fin de poder mantenernos”, declara Vicente.

Vista atrás hacia el trabajo de las predecesoras

En la actualidad existen diversidad de festivales y de exposiciones que ponen en valor a las mujeres como creadoras de cómics. Es el caso en València de Ocultes i ilustrades, que “enfatiza su posición en una profesión en la que no han tenido visibilidad merecida ni equitativa, tanto por su sexo como por dedicarse a un arte considerado menor”, valora Cristina Chumillas, comisaria de la exhibición junto a los diseñadores Melani Lleonart y MacDiego.

La muestra reivindica la figura de las grandes creadoras que precedieron en aquello que antes solo se denominada ‘tebeo’ como Pilar Mir, Mª Pilar Sanchis o Consuelo Arizmendi. Hasta llegar a la hornada actual de artistas jóvenes como Laura Pérez, Ana Oncia, Núria Tamarit o Ana Penyas, que recibió el pasado año el Premio Nacional del Cómic por su reconocida obra Estamos todas bien, que elogia el significativo papel de las abuelas.

Una realidad que, con suerte, ayuda a que comience a conocerse con mayúsculas el trabajo de las mujeres a modo de ‘círculo vicioso’, como indica Chumillas: “cuantas más dibujantes femeninas publiquen, más lectoras habrá, porque nos sentiremos más retratadas en determinadas historias, pero, sobre todo, nos identificaremos más en cómo nos las cuentan, en lo que nos aportan”. Y, como ella misma indica: “ojalá que esta sea la última exposición que se haga con este enfoque y que a partir de ahora lo normal sea hablar de creadoras con mayor o menor talento, sin que el género sea un detalle importante.”

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