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Patricia Moratalla
Miércoles, 14 diciembre 2016
Psicología

Las caras del perfeccionismo

En nuestra sociedad, el perfeccionismo goza de una relativa buena prensa. Nuestros jefes, parejas, familiares o amigos pueden alabarnos gracias a que nos esforzamos para hacer las cosas bien para tratar de obtener unos resultados perfectos. No obstante, el perfeccionismo tiene un lado oscuro que la mayoría de las personas desconocemos, y que hemos querido profundizar desde 360 Grados Press.

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Cuando se va a una entrevista de trabajo y la persona encargada de la selección pregunta al candidato cuáles son sus defectos, este suele responder: “Soy perfeccionista”. Tanto la pregunta, como la respuesta, son una trampa, y el entrevistado suele contestar de esta manera porque parece que no es tan malo ser perfeccionista. ¿Qué jefe no quiere tener entre sus empleados a una persona que quiere hacer las cosas tan bien hasta dejarlas perfectas?

 

Pero ser perfeccionista no es tan bueno como podemos creer. La psicóloga y psicoterapeuta especialista en Terapias Gestalt Yolanda Melero comenta que las personas que poseen esta forma de ser “siempre están insatisfechas, porque nunca serán suficiente o siempre se podrá hacer algo mejor”. Por ello, comenta que nos mantiene en una “espiral de autocrítica, de no apreciar nuestras capacidades, nuestros recursos, nuestros vínculos”.

 

Se estima que entre dos cuartos y dos tercios de la población, independientemente de la edad, podrían ser perfeccionistas, según aparece en un artículo de esta temática publicado en la Revista Iberoamericana de Piscología. Así pues, un buen número de personas son perfeccionistas, un rasgo que incluso puede afectar a la salud. Un estudio de la Universidad de Brock (Ontario) investigó sobre la relación entre perfeccionismo y salud física en 492 personas de entre 24 y 35 años de edad. La conclusión fue que las personas perfeccionistas se suelen sentir peor: “Muchos perfeccionistas crean en torno a ellos un gran estrés al estar constantemente esforzándose en estándares poco realistas”; de esta manera, su tolerancia al fracaso es muy pequeña, “tratando así de evitar sus problemas por completo o involucrándose en el autocumplimiento cuando las cosas salen mal”.

 

El estrés es uno de los principales factores que siente el perfeccionismo, ya que “nunca llega a las cosas que quiere o bien no las hace de una manera correcta. Cada vez las personas tenemos más responsabilidades, más actividades, más estímulos y, a su vez más presión para realizarlas de una manera correcta. Por ejemplo, en algunos trabajos se ha hecho popular la frase “esto tiene que estar hecho para ayer””, comenta la psicóloga.

 

El perfeccionismo puede ser una de las principales causas de fricciones entre personas, puesto que el grado de tolerancia a la crítica es muy bajo. Así, Melero explica que el que se cree o desea ser perfecto “encaja difícilmente cualquier comentario crítico de los demás. Al mismo tiempo, el perfeccionista buscará y encontrará defectos en la otra persona y en lo que hace, lo que le distancia y separa emocionalmente”.

 

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¿Por qué somos perfeccionistas?

Las razones que la psicóloga esgrime sobre los motivos del perfeccionismo van desde querer agradar a otros y ser vistos como alguien perfecto al que admirar hasta temor a ser castigados. “También hay personas que son perfeccionistas para obtener poder y, de hecho, pueden serlo más con los demás, buscando errores fuera y criticándolos luego. O están los que refieren que necesitan tenerlo todo perfecto. Estos últimos pueden ser obsesivos del orden, de la limpieza, de la puntualidad”.

 

En esta busca de la perfección, las personas tienen que aceptarse, aprender a serenarse y confiar en sí mismas. En palabras de la psicóloga experta en la Gestalt, “realmente si confiáramos en la vida y en nosotros mismos nos daríamos cuenta que ya somos perfectos tal y como somos y que el otro también lo es. Que no es imprescindible que todo salga perfecto, ya que “lo perfecto es enemigo de lo bueno””.


@_Guiomar_

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