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Marcos García
Miércoles, 12 febrero 2014
Clásicos del Cómic

Los muertos vivientes

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Esta semana vuelve a las pantallas de todo el mundo The Walking Dead, una serie que con sus 16 millones de espectadores ya se ha convertido en la más vista de la televisión estadounidense. Con dos premios Emmy y un Globo de Oro la serie es un auténtico fenómeno de masas que ha vuelto a poner los zombies de moda. Pero antes que la serie de televisión existió, y existe, una serie de cómics que desde hace ya diez años ha ido labrándose poco a poco una sólida reputación como uno de los mejores y más inquietantes títulos que se editan en la actualidad.

[Img #19497]Los muertos vivientes, tal cual la tituló en España su distribuidora Planeta de Agostini, inició su publicación en EEUU en el año 2004 con una premisa muy poco original: un agente de policía despierta después de ser herido en el desempeño de su deber para encontrarse con que la civilización como la conocemos ha desaparecido. Los muertos caminan y lo único que los mueve es un apetito insaciable por la carne de los vivos. Nada original ya digo, cualquiera que haya visto una película de zombies después de que George A. Romero filmase La noche de los muertos vivientes sabe de lo que estamos hablando.


Pero los zombies, curiosamente, son lo de menos. En un cómic llamado Los muertos vivientes los cadáveres caníbales son apenas un elemento de atrezzo, una premisa argumental para contarnos la verdadera historia que hay tras estas páginas: cómo reaccionaría el ser humano moderno si tuviese que vivir continuamente al límite.


Con este planteamiento el creador de la serie, Robert Kirkman, construye un retrato absolutamente descarnado del alma humana, de su egoísmo y de su capacidad para sobreponerse al horror si en ello va su supervivencia.


Los muertos vivientes es un cómic duro. Lo es porque más allá de la violencia gratuita, que la hay, nos encontramos con unos personajes despiadados que no muestran  ningún tipo de compasión. Saben que el débil es el primero en caer y por este motivo no dudan en sacrificar a su compañero si con esto aseguran su propia vida. Nadie parece estar a salvo y no es recomendable encariñarse con ningún personaje porque a Kirkman, en el más puro estilo G.R.R. Martin, no le tiembla la mano a la hora de hacer sucumbir a sus personajes. Y no sólo a manos de los zombies. En este cruel nuevo mundo, cualquiera puede convertirse en víctima o en verdugo. Lo más duro de esta circunstancia es que en la mayoría de ocasiones estas personas llevadas al límite, crueles y despiadadas hasta provocar terror, eran seres humanos normales perfectamente sociales e integrados en su comunidad.


[Img #19496]


Ese es otro elemento interesante con el que Kirkman juega a menudo a lo largo de los diecinueve volúmenes que hay publicados – dieciocho, por el momento, en España: ¿Cuál es el verdadero fundamento de una comunidad? ¿Sobrevivirían nuestras sociedades actuales a una situación de egoísmo desesperado? Es curiosa la evolución que muestran las sucesivas tramas argumentales en ese sentido.  El autor se permite jugar con varias formas de gobierno, diferentes categorías de líder, incluso distintos elementos aglutinadores para mantener unida una comunidad.  Es notable la riqueza de matices con la que se aborda esta cuestión y cómo estos detalles hacen evolucionar la visión que los personajes tienen de este mundo devastado.


En este sentido la profundidad de Rick Grimes, el personaje principal, es uno de los grandes valores de la serie. La revista de entretenimiento IGN lo considera uno de los 50 mejores héroes de la historia del cómic – concretamente el número 26 – y sin duda gran parte de este éxito se debe a la capacidad que muestra el autor de lograr que empaticemos con una persona que se ve obligada realizar auténticas aberraciones con tal de mantenerse con vida y de lograr que los suyos sobrevivan. Porque ese es el gran valor de Rick: su afán de supervivencia no es en el fondo tan egoísta como pueda parecer y, aunque le cueste reconocerlo, lo que realmente busca es encontrar una nueva oportunidad para la humanidad. Nada menos.


La dimensión del relato trasciende, con mucho, a lo que nos ha mostrado la serie de televisión. Pese al éxito de los primeros episodios y al sorprendente acierto que supuso desligarse totalmente de las tramas de los cómics, el producto televisivo se ha convertido en un blockbuster de consumo fácil que se aleja de la desasosegante complejidad de los cómics. Y esto pese a que es el propio Kirkman figura entre la nómina de productores.


Aun así el audiovisual ha tenido el valor de relanzar para el gran público una serie de cómics excelente. Eso sí, no es apta para todos los públicos ni para todos los estómagos. Quedáis avisados.


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