Freiburg, una puerta a la Selva Negra

360gradospress emprende un viaje a esta ciudad universitaria alemana cargada de historia y de experiencias estudiantiles

ARANTXA CARCELLER, Freiburg. ‘Freiburg im Breisgau’, la ciudad libre como indica su traducción, está situada al sur de Alemania, próxima a las fronteras suiza y francesa. Freiburg es la cuarta ciudad más grande del estado de Baden-Württemberg por número de habitantes, tras Stuttgart, Mannheim y Karlsruhe, con alrededor de 220.000 habitantes.

Freiburg es una ciudad casi literaria. Su casco antiguo junto a la catedral y sus famosos Bächle (pequeños canales de agua que atraviesan la ciudad) ofrecen al turista una visita mágica, de ensueño, donde cada aroma puede evocarnos mil sensaciones distintas, pues, esta ciudad de calles empedradas y fachadas de colores es un acceso directo a la Selva Negra, Schwarzwald. Todo en ella es magia, hechizo, y por qué no, un bello cuento de hadas.

Además, esta carismática ciudad destaca por su carácter universitario y su gran oferta cultural, asequible a todos los bolsillos. Por ello, que siempre veamos sus calles repletas de jóvenes estudiantes de diferentes nacionalidades. De hecho, la Albert-Ludwigs-Universität es una de las universidades más viejas y prestigiosas de Alemania. Otra peculiaridad de Freiburg es el uso de las energías renovables y sus políticas de desarrollo, de ahí, su apelativo de ecociudad.

Freiburg se fundó en 1120 por el duque Conrado de Zähringen. Se caracterizó por ser un enclave geoestratégico en el tema de las comunicaciones pues era ruta de mercaderes y comerciantes. Freiburg contaba con diferentes puertas de acceso a la ciudad, de las cuales, a día de hoy tan sólo podemos contemplar la Puerta de Martín, Martinstor, y la Puerta de Suabia, Schwabentor.

Si se visita Freiburg hay que estar dispuesto a recorrer todas sus calles hasta el punto más alto, Schlossberg, cuyo mirador nos permite alcanzar una vista panorámica de la ciudad. A pesar de la destrucción que sufrió tras la Segunda Guerra Mundial, donde la mitad de la ciudad quedó devastada, conserva su casco antiguo, emulando la época medieval. De hecho, es significativa la construcción en ladrillo rojo de su centro antiguo, Münsterplatz, donde sobresalen la catedral y el ayuntamiento. En las películas de terror de Dario Argento, Suspiria e Inferno, se aprecia ese marcado estilo arquitectónico de color rojizo que se le da a las fachadas de los edificios más emblemáticos.

Este tipo de construcción le da a la ciudad ese halo de cuento, e incluso, que podríamos tildar de fantasmagórico. Otro atractivo de la zona son su estaciones termales como Baden-Baden, Bad Krozingen, Badenweiler, Bad Liebenzell o Bad Bellingen, a consecuencia, de los grandes lagos que forman parte de la Selva Negra. De hecho, uno no puede abandonar la región sin antes visitas los lagos Titisee y Schluchsee, que es un lugar muy turístico y se considera el mayor pantano de la Selva Negra. A parte, existen numerosas rutas que nos permitirán practicar senderismo mientras admiramos la belleza del paisaje. Una hermosura lúgubre pues ante nosotros se extiende un frondoso bosque de diferentes follajes y tonalidades.

Tras callejear de norte a sur por esta “ciudad del medievo”, hay que pararse a paladear su cocina. En el terreno de los embutidos son muy conocidos en la zona los jamones de la Selva Negra, así como el beicon que suelen tener un curado en humo que les da un sabor muy especial. La carne de caza, como el corzo o el jabalí, se ha convertido en los platos típicos de la zona, entre ellos, destacamos el solomillo de corzo picado acompañado de Spätzle, pasta muy típica del sur de Alemania. Otra de las maravillas culinarias de este paraje, y para paladares más dulces, es la famosa tarta de la Selva Negra, Schwarzwaldtorte. Todo este manjar se puede aderezar con los vinos de la región, en su mayoría blancos. De hecho, uno de los platos más tradicionales es el Zwiebelkuchen, pastel de cebollas, que se acompaña frecuentemente con el Federweisser, vino joven.

En fin, quién podría renunciar a visitar esta ciudad donde se establece un perfecto binomio entre lo tradicional y moderno, al tiempo que podemos adentrarnos en un sorprendente bosque de extensos caminos.

Arantxa Carceller

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