Verdades y bulos para echarse a temblar

“Miseria en el Asia rica: sin gas ni agua”. El periodista autor de este titular ha quedado impresionado, como muchos ciudadanos del mundo, por la caída de otra de esas verdades que ayer parecían incuestionables: Japón es el país más seguro en caso de terremoto y más organizado si ocurre cualquier otro desastre natural. Vivimos en un mundo de incertidumbres, las económicas, las políticas y, desde el viernes, las geológicas. Otro informador clava esta reflexión personal en otra primera plana. Nadie se puede creer nada y nada está garantizado de aquí a la siguiente hora.

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360gradospress
recrea con pocos números de diferencia las dos caras de la moneda, la del Tokio impresionante, seductor a más no poder que publicamos en noviembre en  “Tokio: límite 48 horas” y la triste imagen de gasolineras cerradas o abarrotadas y estaciones de tren tristes que describiríamos ahora de encontrarnos allí. Pero a 3.000 kilómetros al suroeste, en Manila los efectos del terremoto se distorsionan tanto como la ola que se formó justo sobre el punto en el que la tierra decidió cambiar de posición. En la inmensidad del Pacífico esa ola pasó de ser una sola onda a convertirse en un repertorio de réplicas que al tocar tierra encuentran una mezcla variable de pánico y de exageración.

Durante la tarde del pasado viernes, entre las cuatro y las siete de la tarde las televisiones de Filipinas intentaron dar información, con más voluntad que recursos técnicos sobre la situación en las 19 provincias de la costa este, desde el paraíso casi desconocido de Batanes hasta Davao. Hay pocas imágenes en directo, por no decir ninguna y mucho sonido de teléfono. Cada desalojo ante la llegada de un tsunami potencialmente destructivo tiene su historia. Algunos son más ordenados pero en ciertos lugares algunos desaprensivos se dedican a enviar bulos al teléfono móvil. En Filipinas, a pesar de la presencia creciente de las redes sociales, la comunicación a golpe de SMS sigue siendo muy popular por ser rápida, barata y fácil de entender para todas las edades. Resultado: pánico y pueblos fantasmas. Pero afortunadamente no ocurre nada grave.

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El lunes sigue la broma telefónica de la que 360gradospress es testigo. Tras las explosiones de hidrógeno en las centrales nucleares de Fukushima dos mensajes a cada cual más disparatado saltan de móvil a móvil en la capital de Filipinas y otras ciudades. Uno da por cierta una fuga nuclear por lo que aconseja estar en casa con las ventanas cerradas durante 24 horas y cubrirse la zona del tiroides con yodo al ser la parte más sensible a las radiaciones. Otro advierte al receptor sobre el riesgo de salir a la calle sin gabardina y paraguas porque en [Img #12993]
caso de lluvia la contaminación será máxima. Especialmente a partir de las cuatro de la tarde. Fue suficiente que uno de estos mensajes llegara al teléfono móvil de la máxima autoridad de la Universidad Politécnica de Filipinas (PUP) para que sus aproximadamente 35.000 estudiantes se fueran a casa a las 2. Por si acaso. Si hay relojes atómicos que nunca se atrasan quizá los neutrones usen reloj y sean puntuales.

Por supuesto y pese a las resistencias a hablar con la prensa no es difícil comprobar que en las principales franquicias de la capital dedicadas a la farmacia el lunes se ha vendido más Betadine de lo habitual.

Lo que no parece una broma y asi lo ha entendido el presidente de Filipinas al reaccionar de forma muy mediterránea y ordenar “que se revise todo” es el informe hecho por una consultora de riesgos, PSA, comparando en términos de igualdad lo que ocurrió en la capital de Haití, Puerto Príncipe el 12 de enero de 2010 y lo que ocurriría en Manila tras un terremoto de magnitud 7,2 en la escala de Richter. No sólo habría que culpar del desastre a la Naturaleza, algo que con seguridad sí se hará en Japón salvo que ocurra finalmente una fuga radioactiva. En la capital de Manila  los edificios están demasiado juntos, hay pocos [Img #12995]
espacios abiertos, hay poco rigor en la aplicación de la normativa antisísimica, hay corrupción en torno a las calidades utilizadas en las obras respecto a las declaradas en los documentos oficiales y, por si fuera poco, hasta parece ser que geológicamente el suelo de la capital no es el más adecuado para cimentar grandes torres de pisos u oficinas. Todo eso arroja un escenario “apocalíptico” con 34.000 fallecidos en el acto y otros 24.000 sepultados bajo los escombros de más de 100.000 edificios. 1,2 millones de personas se quedarían sin hogar.

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Toda estas informaciones se cruzan con las que llegan a la redacción en el momento de escribir este artículo recogiendo inquietantes aumentos de la radioactividad medida en Fukushima. Por otro lado se desconoce si entre los fallecidos o desaparecidos en la casa del vecino rico del norte hay o no hay ciudadanos filipinos. En Japón el Gobierno de este país dice que hay más de 220.000 viviendo allí mientras que el embajador se limita a decir que “sería un milagro” que entre los desaparecidos no haya nacionales de este país. Contrasta la pasmosa tranquilidad con la que en los medios y en la calle se vive esta falta de certidumbre con el seguimiento que en España se suele hacer a los casos de desaparición de turistas o trabajadores en el extranjero hasta que se produce un desenlace, generalmente feliz. Se entiende mejor cuando se asume la cultura local y común a otros paises sajones en la que el individuo y su entorno ganan importancia respecto al estado y sus ramificaciones por lo que, aunque el ciudadano fuera buscado, no siempre es fácil encontrarlo.

Y terminamos donde empezamos, en Japón. El país comenzó mal el año porque sabía que iba a perder la plata en el ranking económico mundial por el ascenso de China. Ahora el índice Nikkei de la bolsa de Tokio sigue bajando y algunos de sus mejores escaparates como Sony o Nissan no acaban de carburar del todo tras la sacudida del viernes. No obstante hasta ahora los nipones han sabido sobreponerse a las situaciones más difíciles. Esa verdad incuestionable aún no ha caido. ¿Sobrevivirá a la próxima hora?

Carlos Juan, Manila

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