La llamada de atención de Siria

La revolución popular en este país de Oriente Medio comenzó en enero del pasado 2011. Desde entonces, los civiles asesinados a manos de las fuerzas de Bachar al-Assad se cifran en 10.000, aproximadamente. Desaparecidos y refugiados también se contabilizan en decenas de miles de personas. En 360 Grados Press hemos entrevistado a Neil Sammonds, un profesional de Amnistía Internacional que da voz a las víctimas de este conflicto.

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“Estaba como sobre una tabla de madera,boca arriba, en calzoncillos y con los ojos vendados. No sé cómo, pero algúnmecanismo logró que los extremos se levantasen. A medida que mi cuerpo eraforzado a adoptar forma de ‘V’, sentí un dolor terrible en la espalda. Megolpearon al mismo tiempo. Tres hombres se turnaban el látigo. Cuandodescansaban, bebían té y fumaban hasta que era su turno de nuevo“. Este testimonio fue publicado el pasado mes de marzo enel diario británico The Independent.Es uno de tantos de los recogidos por NeilSammonds, investigador de Amnistía Internacional (AI) y autor de dichoartículo. Neil ha trabajado durante los últimos 14 meses en Siria. Su labor haconsistido en esto mismo, en recopilar declaraciones que prueben los abusos queestá viviendo el pueblo bajo el régimen de Bashar al-Assad. Cortes, descargaseléctricas, violaciones, quemaduras, presenciar cómo son torturados miembros dela propia familia, ser colgados del techo o pasar días encerrados en unapequeña celda junto con un cadáver son algunas de las atrocidades de las que setiene constancia. La lista podría continuar.


Obviamente,coleccionar este tipo de experiencias no es fácil. “Normalmente no hablamos mucho de nuestros sentimientos, pero cuandoescucho el testimonio de alguien que ha sido detenido, golpeado, abusado,insultado o torturado en una celda es horrible. Pero tenemos que ser lo másprofesionales posible, porque lo importante es escuchar, documentar y difundirla información en el extranjero“, explica Neil. Sin embargo, lo más duro noes tanto escuchar como palpar la realidad del sufrimiento. En este sentido, elinvestigador recuerda el caso de una mujer que conoció hace tres meses enLíbano. Paseaba en bicicleta con su marido y sus dos hijos pequeños. Pocodespués, un bombardeo le arrebató a los tres miembros de su familia. Tambiénperdió sus piernas. “Ver esta brutalidadte toca mucho, porque sientes que alguien está sufriendo a un nivel que apenaspuedes imaginar“, confiesa.


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Aunque surotundidad es máxima, dar a conocer estas situaciones no siempre implicaobtener las reacciones esperadas. “Apesar de la información que la comunidad internacional tiene sobre lo que estápasando, falta convicción para intentar cambiarlo. Con el bloqueo de Rusia yChina, el asunto está parado. En una caja fuerte en el edificio de las NacionesUnidas hay un sobre con un informe sobre los responsables del Gobierno sirio ysus fuerzas de seguridad. Ojalá, algún día veamos que estos responsables sonllevados a la justicia, pero el pueblo sirio no puede esperar cinco años más enesta sangría“, apunta Neil. Por el momento, las actuaciones internacionalesmás decididas han sido la expulsión de los embajadores sirios y la elaboraciónde un plan de paz presentado por el delegado de Naciones Unidas Kofi Annan. Estaorganización también ha enviado una comisión de observadores. “La llegada de los observadores es mejor quenada, pero es una gotita en un mar de sangre. Han enviado a 300 personas a unpaís de 24 millones de habitantes cuando en otros países, por ejemplo Armenia,que es mucho más pequeño, hace un mes enviaron 3.000 porque se celebraronelecciones“, critica el investigador de AI.

Las cotasde violencia registradas en Siria son la mejor prueba de la insuficiencia dedichas acciones. Hace poco más de una semana que los medios de comunicación sehicieron eco de un trágico episodio en la región de Houla en el que murieron108 personas, 49 de las cuales eran niños. A pesar de su impacto en lasociedad, Neil insiste en que esto no es más que la norma habitual: “Ha sido la peor matanza de los últimos 14meses por el número de civiles matados a sangre fría, pero no por la cantidadde personas fallecidas en un mismo día. La tasa de muertos está empeorando. Porejemplo, en 2011, desde el 18 de marzo hasta final de año, tenemos los nombresde 4.300 personas fallecidas. En los cinco meses de 2012 hay casi 6.000personas muertas. Houla no es un paso nuevo, es un aumento de los abusos delrégimen y otra demostración de la impunidad de la que disfruta”.


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Con todo,la terminología de la Ley internacional todavía no califica la circunstancia deSiria como guerra civil, pero no cabe duda de que ésta es ya insostenible.Tanto, que la población ha cambiado radicalmente su discurso. “Al principio prácticamente nadie quería unaintervención ni recurrir a las armas. Pero tras meses recibiendo balas, muchoshan cambiado sus ideas. Incluso contactos nuestros que fueron defensores dederechos humanos y estuvieron encarcelados durante años por sus ideas pacíficasno ven ahora una salida sin el uso de armas“, afirma Neil.

Así,mientras la pasividad reina en gran parte del mundo, la violencia hace lopropio en Siria. Activistas y defensores, como también muchos periodistas,aguardan en sus fronteras para recabar información, pues el régimen les tieneprohibida la entrada. Algunos, no obstante, se atreven a colarse de forma clandestina.Porque todos son tenaces en su objetivo: atender la llamada de una poblaciónque lucha por escribir su futuro en unos términos diferentes a los actuales.

Manolo Gil

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