Volver

Por Óscar Delgado, periodista

No quiero escribir de cine, ni mucho menos hacer un alegato en defensa de Almodóvar para alimentar el esperpento tragicómico de los últimos Goya, los de Buenafuente. Se trata de despilfarrar unas cuantas letras en significar la fuerza evocadora que tiene nuestro lugar de procedencia cuando se aborda con nostalgia.

Siempre volvemos o, mejor dicho, regresamos, a nuestro punto de partida. Quien más, quien menos, con tiempo diferido entre una y otra ocasión, retorna al lugar que le vio nacer, a la casa de su abuela, al colegio donde estudió, al aparcamiento donde perdió la vergüenza, al bosque donde cogió setas con su progenitor/-a, a la carretera secundaria convertida en autopista de peaje, a la playa del primer chapuzón o al barrio que nos vio crecer.

Volver es la acción que nos encierra en pensamientos necesariamente comparativos, de cómo éramos, o de cómo era lo nuestro, y de lo que somos ahora o queremos ser mañana. Volver a casa siempre reconforta si se hace con el ojo crítico que devora las sensaciones más amargas, las que conducen a levantar con pesadumbre la mirada ante un espejo.

Volver es pisar la experiencia que acumulamos, estirarla, medirla y ponerla en común, interactuar con la evolución de entornos mejorados o carcomidos. Volver es, en definitiva, sentir el paso del tiempo y disfrutar de las emociones que fluyen a borbotones. Para bien, para mal, todos volvemos. No sé cuál será la última estación, tampoco nos pondremos trascendentales. Si lo he sido, disculpadme.
¿Vienes?

V.P.

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