Releyendo a Italo Calvino

Siempre ando con relecturas y constantemente vuelvo a aquellos libros que me hicieron feliz. Estoy en contra de los que opinan que lo malo del verano y la edad es que no puedes volver a leer (sentir) por primera vez Ana Karenina o David Copperfield, solo por poner dos ejemplos. Quienes opinan así alardean de falacias, porque con solo abrir los libros, pasar la hoja de portada y empezar el capítulo uno es fácil volver a conmoverse con las dichas y desdichas de Ana, Vronsky, Lyovin, Pegotty, Clara, y tantos otros.

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Siempre es un placer volver a estas y otras grandesnovelas. Algunas veces hasta resultan mucho más gratificantes que los éxitos deventas contemporáneos o las infinitas novelas firmadas por autores escasamenteagraciados  por el don de la literatura.Ya nos lo contaba el escritor italiano Italo Calvino en aquel memorableensayo Por qué leer los clásicos, en el que definía a un libro clásicocomo inagotable, que nunca acaba de decir lo que tiene que decir porque sulectura siempre resulta novedosa.

 

Desgraciadamente Italo Calvino es un clásicocontemporáneo poco leído en la actualidad, a pesar de que sus obras se puedenconseguir con mucha facilidad. Ediciones Siruela tiene editada dentro dela colección Biblioteca Calvino, prácticamente la totalidad de su obra,entre ellas la trilogía Nuestros antepasados,  compuesta por las novelas El vizcondedemediado, El barón rampante y El caballero inexistente, queson los libros con los que he vuelto a disfrutar estos días pasados. Calvinosigue siendo fresco y reflexivo, algo de lo que vamos necesitados en estos díasde tanto marasmo político y económico, de tanto desconcierto ideológico.  Leer y releer está trilogía  nos hace reflexionar sobre una clave queolvidamos con cierta frecuencia: la dignidad del hombre.

 

El primer libro de la trilogía,  El vizconde demediado, se publicó porprimera vez en 1952 y supuso el inició de una brillantísima etapa de laproducción literaria del autor italiano, hasta entonces adscrito alneorrealismo.  A principios de la décadade los cincuenta Calvino se sentía muy defraudado por las actuaciones del  PCI, lo que le llevó a abandonar dichaformación a la que estaba afiliado desde que había acabado la guerra mundial.Esta crisis ideológica hizo que tocará techo en los esquemas de la novelarealista y buscara nuevos caminos estéticos que le permitieran desarrollar undiscurso crítico, didáctico e inteligible por todo el mundo. La solución laencontró en la fábula. En sus manos este género popular ofrecía una lecturaalegórica de gran amplitud, tanto de la historia como de la sociedad y el poderpolítico. Unía lo real con lo fantástico, lo consciente con lo inconsciente, el ser con el parecer, todo a  a través de múltiples elementostransgresores. La utopía se convertía en texto y pretexto, en vehículo dereflexión.

 

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Con estas premisas, cada uno de los títulos quecomponen la trilogía de Nuestros antepasados no solo es un canto a lalibertad, a la pluralidad, al derecho a ser diferente, sino también unaimplacable denuncia a todo atisbo de totalitarismo. Mientras en la primeranovela plantea la división entre ética e ideología, en la segunda, El barónrampante, sin duda la más popular, reivindica la  libertad del ser humano por encima de loscondicionamientos ideológicos y sociales. En la tercera y última entrega, Elcaballero inexistente, Calvino se adentra en los terrenos de la razón de lasinrazón e hinca el diente a la realidad ficticia, no existente, a la mentira.

 

Italo Calvino siempre libre, siempre luchando contralos miedos que en aras de la razón modifican las ideologías. Un clásicoinagotable que hay que tener en la mesita de noche, en invierno y en verano. Ymás ahora, en estos tiempos de tanta confusión. Creer en la utopía es teneresperanza en el futuro.


David Barreiro

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