Nada

Por Marga Ferrer, fotógrafa de prensa

Antes.
Trabajar en un periódico era un logro de calibre brillante, poder y respeto. Las largas horas de insomnio y el abandono de todas las agradables rutinas valían la pena para conservar ese sueño. Largas horas de intenso trabajo ya eran entonces un todo por el casi nada, un todopoderoso burlesco, abusivo, malcriado y consentido. Muy complaciente y adictivo.

Ahora.
La crisis del papel nos ha dejado tiesos de esa ilusión que nos hacía tirar del carro y de la mula, lo raro es que haya durado tanto, quizás por eso todavía hoy deberíamos preguntarnos el porqué y es que uno no tiene si otro no da y que no se nos olvide el “viceversa”.

Hubo un momento en el que el todo vale sólo era aplicable a nosotros mismos, a nuestra forma de regalar nuestro esfuerzo y poco a poco se fue instalando en el todo. Hubo un momento en el que el todopoderoso era nuestro sentimiento, nuestras ganas. Hoy el todopoderoso ha sacado su lado más burlón y nos ha dejado sin nada.

Pero señores trabajadores, creo que donde no hay, no hay, y que es de bien nacido ser agradecido. Somos dueños y señores de nuestro buen hacer y si hay que irse con la música a otra parte pues que así sea.

Pues queridos compañeros, donde nada hay solo hay eso, nada.

Manuel Rodríguez

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