Mi casa es la de todos

Mi casa siempre está abierta para todos. Mi casa no es una caldera encendida donde se queman los pensamientos y se arrojan al viento las cenizas de aquellos que intentaron comprar el mundo con una sonrisa. El Dios que entra en mi casa no tiene nombre ni rostro, solo abre su mano y te ofrece su mesa.

La bandera blanca ondea en los balcones de mi casa, lleva grabada la palabra libertad y de sus paredes cuelgan ramas de olivo y perfume de solidaridad. Mi casa es la de Neruda, Bolívar, Antonio Machado, Unamuno, Alberti y Withman. Aquí tomó te Gandhi y Mandela escribió poemas de amor y ninguna canción desesperada; Jesús dejó la cruz en algún sitio y abrazó a mis amigos; Borges pensó que una noche reúne mil primaveras y le contestó Balzac lleno de sombras; García Márquez me regaló una guitarra y Octavio Paz escribió diez versos con ella; el fuego calentó el pan de mi abuela y todos fuimos pastores alrededor de esta hoguera que llamamos Universo. Una canción no son cinco estrofas abrazadas en tu espalda, sino un ramillete de besos con el reloj parado, una cadena de abrazos con un fin que no escogiste: el amor tumbado al sol en medio del océano.

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Mi casa no tiene cerrojos y siempre te espera. Aquí están mis amigos, un mar de manos abiertas, el horizonte lleno de abrazos, un tren que para en todas las estaciones. Te espera Julio Cortazar. Jorge Cafrune te saluda desde una estrella, quizás Beethoven nos toque algo por Camarón y nadie lo escriba. Esta es tu casa.

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@butacondelgarci

José Manuel García-Otero

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