Archivo de la categoría:

Giros - página 7

Ciudades con nombre

Zaragoza siempre fue de mi tía Charo; Oviedo de mi tío Ángel; Zamora, de mi tío Pedro; Ibiza, de Marga… Sin saber cómo, las personas cercanas se apoderan del crujido de memoria aparejado a un contexto concreto, urbano o rural.

Vaivén

Despiertas y buscas un nuevo desayuno. Te acuestas y no duermes porque piensas en todo lo que te queda por hacer al día siguiente.

Rajoy, Wodehouse y un poco de humor

Tengo un amigo que desde siempre ha estado muy reñido con el reloj, lo que equivale a decir que padece una imposibilidad patológica para cumplir horarios. Lógicamente, es bastante habitual que pierda trenes y aviones. Barcos no, se marea. Pues bien. Este amigo mío me confesó una vez, entre bromas y veras, que perdía los aviones intencionadamente para quedarse tirado en la terminal de un aeropuerto leyendo a P.G. Wodehouse, sobre todo las novelas protagonizadas por el inimitable Jeeves. Hasta la fecha no he vuelto a escuchar una justificación de lo injustificable más literaria y descacharrante. ¡Qué honor para Wodehouse!

La historia de “El frío anochecer de los espejos”

Todos tenemos una historia guardada en los bolsillos. Todos tenemos un Pepito Grillo interior que nos dice la verdad a la cara. A veces la verdad se esconde debajo de la mesa y no queremos verla.Yo utilizo el espejo para sacar el Pepito Grillo de mis personajes.

En la consulta

Los hospitales huelen a gasa y a oxígeno respirado. Da igual si el edificio es nuevo o antiguo, dentro nos encontramos los tópicos a los que nadie gusta enfrentarse, ni trabajadores del centro ni pacientes.

Los (amigos) invisibles

Yo podría contaros un ramillete de historias tristes, historias que parió la tremenda depresión que nos azota, un devastador tsunami cuyo oleaje cubre de barro el lado sur de Europa. Pero hoy quiero escribir de la esperanza, ese otro lado de la luna que siembra sonrisas sobre un campo minado por el dolor y un sol que no quema.

La siesta

El asfalto está caldoso, las cigarras entonan sus carracas, las avispas chapotean en los charcos del pilón dejados por el asno que acaba de beber agua porque para todos es agosto.

La calle que nadie conocía

Emil era una niña de cuatro años que en sus sueños dibujaba estrellas de colores. Emil también hacía lunitas con los fideos de la abuela y regalaba sonrisas que guardaba en un cestito de mimbre donde dormían su muñeca Nancy, el dinosaurio Cosme y una piruleta de fresa. Orgullosa, Emil le decía en la orejota a su perro que nadie poseía tesoros más valiosos que ella.

Puntualidad

Ser puntual tiene sus ventajas y sus desventajas. En el ámbito de las bonanzas, ser puntual es un rasgo por el que cualquier persona definiría con aplauso al que lo es, incluso se podría llegar a quedar prendado de aquel que cumple con exquisitez británica el horario de la cita. Sin embargo, cuando se enquista un puntual en un entorno donde nadie lo es comienzan a aflorar esas desventajas del ser puntual.

Puede

Puede que pienses que la noche no tiene ventanas y que la luz de la luna siempre alumbra el mismo norte; puede que tengas razón cuando dices que el horizonte es un cielo negro con los faros rotos y armadura de eternidad, que el hombre nunca encuentra al hombre y una sombra afilada los abraza.

Retén de guardia

Los fines de semana hacían guardia hasta el regreso de sus padres. La hermana mayor y el pequeño de la familia se quedaban en vela, no les gustaba dormir sin el halo de tranquilidad paternal, sin el mimo materno. No podían quedarse a oscuras e irse a la cama porque la imaginación despertaba de su letargo más terrorífico y les dibujaba siluetas de pánico coincidentes con cada ruido que escuchaban o, en su defecto, imaginaban. Los otros dos hermanos, el mediano y la mediana de la estirpe de los Gómez, dormitaban ajenos a esa estrategia del miedo, uno ocupando la planta baja de la litera, otra la cama gemela más cercana a la ventana del cuarto de las niñas.

La canasta

Verano de 1986 en un pueblo cualquiera de la meseta, hoy mermado por la emigración urbana, ayer con voces infantiles sonando todo el año en sus calles sin adoquinar, algunas con planchas de hormigón, otras delimitadas por rieras de piedra natural, embarradas al ritmo del transitar ganadero. De invitada, una canasta.

De lo que hablan los objetos

Me gustan las antigüedades y muestro un gran respeto por ellas. Me gusta contemplarlas, estudiarlas, admirar su belleza, pero no me gusta poseerlas. Soy un bicho raro al respecto. Un Gregor Samsa que no fue educado en el afán de poseer, lo que me permite no sentir dolor cuando me desprendo libre o forzosamente de algo material. Es lo que tiene haber nacido en una familia estoica. Soy insensible a la posesión y a su renuncia, aunque los objetos me producen otro malestar. Los que me conocen saben que no miento. Soy un bicho raro no posesivo y reivindico mi derecho a serlo.

Ni los viejos ni los niños cuentan

Jeremías Villapalos Pérez vive en el campo, sabe leer las estrellas y adivina en los ojos de las vacas cuándo la luz de la noche avisa del parto. Jeremías tiene los ojos gastados de contar las ovejas y sus ásperas manos respetan el espacio del gallo cuando se adentra en el corral. La Naturaleza siempre impartió justicia en su territorio, por eso no le asusta el aullar del lobo hambriento y apostaría su nariz por el olfato sabio de la ovejera.

Estampas de un tiempo inacabado

A veces uno quiere mirar una manzana desde distintos lados y, pese a todo, la manzana sigue con el mismo sabor. El mundo es una gigantesca manzana que la inconsciencia de los hombres ha ido pudriendo. Estamos locos, dijo Zacarías Martínez, alias Napoleón Bonaparte, mientras tomaba su porción de medicina y ondulaba el mechón caído de su frente. Una vez ingerido el tranquilizante, Zacarías Napoleón siguió inspeccionando los habitáculos de sus "mariscales".

Operación salida

Aquella mañana despertaron bajo el paraguas vocal de un alarido escupido por las cuerdas vocales del cabeza de familia. Nadie se acordaba de que había llegado el día, el lado emocional del sueño desvelado impedía asimilar que las vacaciones estaban a punto de comenzar.

No insistas

España es así: no quiere saber nada de nadie. Somos una partícula minúscula en este océano de islas que es la piel de toro tantas veces despellejada y es muy difícil que me encuentren. Solo sé que vivo, lo sé porque respiro pero nada más. En el otro lado ya no conozco a nadie porque lo impide el agua o las dudas o el miedo o esa mano invisible que todos llevamos dentro.

La enseñanza de Frankenstein

Se cumplen doscientos años del nacimiento de unos de los libros más fascinantes y también de los más versionados de la historia de la literatura. Me refiero a 'Frankenstein o el moderno Prometeo', de Mary Shelley. Durante el verano de 1816 el poeta Lord Byron recibió en su residencia de Villa Diodati, en Suiza, la visita de su amigo el poeta Percy Bysshe Shelley y su esposa Mary, así como de su médico personal John Polidori. En una de las largas veladas, muy frías aquel año por la irrupción del volcán Tambora, en Indonesia, Lord Byron retó a sus amigos a que cada uno escribiera la historia más terrorífica que se le ocurriera. Sólo Pollidori y Mary Shelley siguieron con el proyecto, porque el anfitrión fue un poco el capitán Araña y plegó velas.

Verano

Las estaciones se suceden en un tiempo acomplejado por la acción del ser humano, ajenas a la desdicha que les espera en un devenir clorofórmico, ozonado, enmarcado en uranio, plutonio y folios amazónicos. Mientras la degradación toma posiciones para castigar a sus detractores, asistimos a la llegada de un nuevo verano.

La película que nunca quise ver y ellos nos cuentan

Llegaron los calores y el corazón se nos dispara, un hormigueo cruza el estómago de lado a lado y los nervios juegan al fútbol en lo alto de la azotea. No queremos mirar más allá de lo que acontece al cruzar la calle, porque puede que en la otra acera un caimán imaginario nos arrastre hasta el fondo del husillo.

Polvo agitado

Los pueblos tienen en común, por lo menos los que he ido conociendo en España y algunas otras partes de mi pequeño mundo, notas de paz, olores salvajes, saludos de paseo, rincones pintorescos, gentes amables, ruido natural… Interrumpo esta sucesión de percepciones para dar cuenta de la intromisión de voces lugareñas en el proceso de escritura: Esa camiseta no es de aquí. Ni yo señor, ni yo; tampoco soy de donde es la camiseta.

En campaña somos pueblo

Mientras la corrupción se asoma por las esquinas y las calles y avenidas de la ciudad se cubren con caras sonrientes de gente que todos conocemos, esa gente nos da los buenos días con frases sacadas del recetario del hada buena de Caperucita Roja.

Gregor Samsa o el derecho a sentirse un bicho raro

Se cumplen cien años de la primera edición de La metamorfosis, de Franz Kafka, una de las obras cumbres de la literatura universal de todos los tiempos. Kafka la escribió en menos de un mes, entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912, aunque tuvieron que pasar tres años más hasta que Max Brod dio el libro a la imprenta.

La bazofia periodística y los corruptos

En periodismo me enseñaron a luchar por mostrar la verdad y defender con dientes afilados a los lectores. Me lo enseñó un cura, el cura Javierre, uno de los tipos con mejor visión periodística que ha existido en el siglo XX. "A los lectores no le podemos dar basura", decía el cura, "los lectores tienen que saber que la verdad está ahí, en medio del fango de la injusticia y nosotros, los periodistas, nos tenemos que manchar las manos y, si es preciso, dejar en el camino un reguero de nuestra sangre. Porque se lo debemos a ese señor que cada día se acerca a un kiosco de Prensa, saca unas monedas, y compra nuestro periódico. A veces, ese señor, se hace con tu periódico desviando un presupuesto dirigido a comprarse un bocadillo. Ese lector no se merece una mala información con faltas de ortografía."

1 5 6 7 8 9 37
Subir