ruta de la seda
La Ruta de la Seda fue una de las travesías comerciales más importantes a partir del siglo I a.C y actualmente el periodista argentino Fer Duclos la está recorriendo con una finalidad periodística. Fotos: FER DUCLOS

Un argentino por la Ruta de la Seda

David Casas
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La Ruta de la Seda fue una de las travesías comerciales más importantes a partir del siglo I a.C., aunque el propio itinerario se mantuvo activo para intercambios desde el Paleolítico, según indicó el experto en Prehistoria francés André Leroi-Gouhan. Pero fue hace más de 2.000 años que el emperador chino Wu, de la dinastía Han, comenzó a interesarse por los pueblos civilizados de las regiones occidentales para negociar con la apreciada seda de su país, que durante tres milenios había guardado en exclusividad el secreto de su fabricación.

Una ruta que recorre toda Asia hasta la Europa occidental y que este año el periodista argentino Fer Duclos está realizando con un objetivo mucho más social que comercial. Después de su paso por las redacciones de países latinoamericanos como Colombia, Venezuela y Brasil y tras el cierre de la última empresa en la que estuvo trabajando y una serie de acontecimientos personales, el clic del cambio radical se le presentó como una posibilidad factible.

Nunca decidí ser un hombre de mundo, ya que se fue dando. Cuando era pequeño y escuchaba el ruido del tren al pasar, salía disparado al balcón para verlo. El transporte siempre estuvo en mí. Cuando tenía 5 o 6 años mi pasatiempo favorito era aprenderme las capitales de todos los países del mundo, dibujar banderas y leer los atlas. Y a medida que voy leyendo me dan ganas de ir a los lugares”, explica Duclos.

Ya de adolescente recorrió el continente latinoamericano desde Buenos Aires hasta Nicaragua y, unos años después, como él mismo indica, unió Etiopía con Ciudad del Cabo durante nueve meses y la experiencia le dio para escribir un libro, Crónicas africanas, en el que describe “los caminos de Somalia, los mercados de Uganda, las mañanas de Burundi; muchos lugares que en nuestro día a día no existen: territorios olvidados, marginales, descartables”, según cuenta el periodista.

Actualmente, en su viaje por la Ruta de la Seda, atraviesa estepas, montañas y praderas “en las que los grandes imperios de la humanidad nacieron y con el tiempo, indefectiblemente, murieron”, añade Duclos.

Arrancó su periplo en Barcelona y su objetivo es finalizar, sin fecha determinada, en Pekín (China), junto a su mochila (con un ordenador en sus últimos días, cuatro camisetas, cuatro calzoncillos, un botiquín que le hizo su madre y algo de dinero) y a su teléfono móvil de hace cuatro años, con el que está haciendo periodismo, contando historias y mostrando “el devenir de otras latitudes”, sus ilusiones, sus miedos, sus recuerdos y sus representaciones. Y lo está haciendo a través de su proyecto Periodistán, un blog en el que plasma todas sus experiencias desde cerca, y de las redes sociales, donde está captando la atención de miles de personas de su país.

Cuando inicié este viaje no tenía mucha idea de qué iba a hacer, ni si lo que iba a contar iba a tener interés, pero estoy muy contento con la recepción de quienes me están leyendo”, expresa el periodista, que ya ha recorrido España, Portugal, Italia, San Marino y Vaticano, Eslovenia, Croacia, Hungría, Rumanía, Moldavia, Transnistria, Macedonia, Albania, Kosovo, Turquía, Georgia, la parte musulmana de Rusia (Chechenia y Daguestán), Kazajistán, Uzbekistán, Afganistán, Kirguistán e Irán.

Duclos destaca de los países de Occidente que ha conocido el hecho de no saber prácticamente nada de ellos y su “absoluta” hospitalidad. “De Turquía hacia el Este pensamos que es todo terrorismo. No tenemos una mínima idea de qué es el islam: el trato de su gente es espectacular y son increíblemente cordiales, acogedores y calurosos. Dormí en las casas de gente que me recogió haciendo dedo y que me invitó a comer todo el tiempo. La cultura de lo colectivo es muchísimo más fuerte que en nuestros países”, valora.

A pesar del balance positivo que hace, confiesa que el primer mes, el de la salida de la zona de confort, de la comida diaria y de la ducha caliente, fue difícil. “Pasas a comer algún sándwich por ahí y a bañarte no sabes dónde. Después del segundo mes esto pasa a ser la vida de uno: si estoy en un lugar humilde, bañarme con un balde; salir a hacer dedo para moverme, etc. Hay días que me gustaría tener compañía, otros que aprecio estar solo. El día que vuelva a vivir en Buenos Aires al principio también me va a costar muchísimo la rutina”, valora el periodista.

Como profesional de la comunicación, en el momento de llegar a cada destino trata primero de observar y finalmente de preguntar y cuestionarse sus propios prejuicios acerca del lugar, al contrario de lo que él considera que realiza la mayoría de los periodistas, que “antes de ver lo que pasa ya saben lo que sucede, porque tienen una opinión formada y todo lo ven desde ese prisma”, según indica. “Trato de ser muy consciente del lugar que ocupo (no por estar durmiendo con un obrero en Afganistán, ya soy igual que él; yo sé que soy un privilegiado, ya que, si mañana pasa algo, tengo mi pasaporte y a mis padres esperándome) y debato cada cosa que pienso para llegar a mejores conclusiones o, al menos, tener mejores preguntas”, concluye Duclos.

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