Un trasunto de sombrerero y otro de conejo blanco reflexionan frente a una taza de té | Fotografía: Rafa Márquez
Un trasunto de sombrerero y otro de conejo blanco reflexionan frente a una taza de té | Fotografía: Rafa Márquez

Onírica Mecánica: reinventando el teatro de objetos desde Murcia hasta Seúl


Hace escasas semanas, el murciano Jesús Nieto voló hasta Seúl con el último espectáculo de su compañía Onírica Mecánica, una pieza titulada Alicia y las Ciudades Invisibles en la que conjuga el universo antilógico de Lewis Carroll con el urbanismo imposible de Italo Calvino. La obra acudió al PAMS 2018, feria de referencia en Asia y Pacífico, con la responsabilidad de ser la única compañía española seleccionada. Y fue así gracias a que lleva más de una década renovando el denostado teatro de objetos y marionetas.

En este espectáculo, el público de la capital surcoreana pudo comprobar cómo la madriguera del conejo blanco se ha llenado de iPads; síntoma de que la posmodernidad ha permeado en el clásico de Carroll. La Alicia de Onírica Mecánica sigue vistiendo faldas victorianas, pero el País de las Maravillas contemporáneo es un laberinto dominado por los termoplásticos y la tecnología. Un no-lugar sonorizado y poco iluminado en el que los personajes secundarios, vagamente reconocibles, añaden ambigüedad al cuento de 1865. Otra capa de distorsión sobre el sinsentido original.

“A mí no me interesa la realidad, creo que ésta es un cúmulo de percepciones subjetivas. Por eso prefiero el universo de Alicia y las imágenes que construye a partir del material salido de los sueños. Tanto el viaje de Carroll como las ciudades de Calvino son dos grandes placeres para los imaginarios, reflexiona Jesús Nieto, director y creador de Onírica Mecánica, cuya pieza ahonda en la angustia vital de una adolescente a la que le discuten todas sus certezas, desde el aspecto físico hasta el conocimiento más elemental de los objetos que le rodean.

Onírica Mecánica
Alicia observa a los soldados naipes proyectados en una tela translúcida | Fotografía: Rafa Márquez

Nieto utiliza el laberinto interno de Alicia y su crisis de identidad –a la que se lleva enfrentando siglo y medio– para ahondar en el sentido de todas nuestras vidas: “En estos momentos tan extraños a nivel político, económico y social, apenas tenemos tiempo para pararnos a reflexionar sobre quiénes somos, en qué nos hemos convertido y qué tamaño queremos tener. Si miráramos más hacia dentro resolveríamos que en el fondo no hay tantos bandos como parece, sino que al final todos convivimos con las mismas miserias”.

Siguiendo su diagnóstico, el creador murciano utiliza cada montaje para indagar en la identidad de su compañía, una rara avis con la que investiga sobre la emoción en un escenario sin apenas actores. Lo hace, primero, empleando las sombras como imagen velada sobre la que el espectador construye su propio imaginario. Teatro de sombras al más puro estilo marionetero. Segundo, diseñando espectáculos en los que aparecen objetos mecánicos autodirigidos, sustituyendo de este modo el papel de los actores y actrices y cuestionando el concepto mismo de marioneta: si un mecanismo sin hilos se mueve a partir de una programación de código, ¿sigue siendo marioneta?

Pese a reconocer que el teatro de marionetas y de objetos tiene cada vez menos cartel, Nieto presume de algo que no muchos creadores se pueden permitir, vivir de su profesión. Y lo ha conseguido a base de acentuar sus extravagancias: “Cuando llegó la crisis y todo el mundo se puso a hacer el mismo espectáculo –sencillo, barato de montar, para todos los públicos y tocando temas universales– ocurrió que no había espacio para tantas piezas similares. Yo me desmarqué subrayando mis diferencias y eso me llevó a muchos festivales internacionales, lo cual me permitió salir adelante. Hoy, gracias al riesgo que tomé entonces, puedo decidir el destino de mi carrera”.

La reina de corazones muda de piel y adquiere una complexión más tecnológica
La reina de corazones muda de piel y adquiere una complexión más tecnológica | Fotografía: Rafa Márquez

Al riesgo se le suman dos renglones complementarios en el manual del creador sobreviviente. Por un lado, conviene conocer el mercado al que uno pertenece: “Jamás me empecino en gustarle a un programador que nunca me programará”. Por otro lado, hay que saber controlar las ínfulas del self-made man tipo lobo de Wall Street: “Puedo vivir de lo que hago porque llevo una vida humilde. Tengo una casa en el campo a las afueras de Cartagena que es mi templo cuando vuelvo de las giras. Más allá de eso, no tengo grandes necesidades”, resume el artista murciano.

El “templo” del que habla ve como hace las maletas con relativa frecuencia, pues la naturaleza de Onírica Mecánica le obliga a buscar oportunidades fuera de nuestras fronteras. El festival surcoreano de PAMS 2018 es un buen ejemplo de ello. “El trabajo que hacemos nos abre las puertas en festivales y países en los que nunca hubiésemos pensado, por ejemplo el festival de Corea del Sur, donde la experiencia fue inmejorable. Allí están acostumbrados a fascinarse con narrativas menos convencionales, pero a la vez está todo un poco por hacer; son buenos ejecutantes pero no tienen las ideas que llevamos nosotros. Por eso nos llevan, para aprender de lo que hacemos. En 10 años nos habrán copiado y entonces –tal vez– dejen de invitarnos”.

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