Solidaridad sin techo


En la actualidad más de 20.000 personas sobreviven en las calles o en los lugares de acogida de nuestro país. Personas olvidadas por el sistema a las que diversos proyectos están tratando de ayudar, ya sea desde la pura bondad humana como a través del impulso del talento.

Brighton, ciudad de la costa sur de Inglaterra, es conocida a nivel turístico por su Royal Pavilion, que fue lugar de residencia del rey Jorge IV cuando era príncipe regente, o por sus dos imponentes muelles, uno de los cuales (Brighton Pier), es uno de los más antiguos y largos del mundo. Pero en la actualidad también destaca por la solidaridad de sus vecinos con las personas sin hogar, que en los meses de otoño y de invierno se ven obligados a sobrevivir a temperaturas mínimas que no superan los 6 grados sobre 0 o, incluso, por debajo, así como a vientos fríos del litoral.

Cada año aproximadamente 1.000 personas duermen en las calles de Brighton, una quinta parte de las que el gobierno ha estimado para este año, aunque podrían ser más, ya que muchos afectados por esta situación se esconden en edificios abandonados o en viviendas temporales y albergues.

Una ciudad en la que las casas y los pisos tienen costes muy elevados para compra o alquiler y en la que las comunidades de vecinos se quejan de la insuficiente respuesta institucional a la precaria situación de tantas personas sin hogar, por la falta de fondos previstos por el gobierno central y de voluntad por parte de las autoridades locales para cuestionar esta realidad y abordar las causas fundamentales de manera significativa.

Por ello, los propios vecinos llevan varios inviernos lanzándose a las calles para aportar su granito de arena (y de bondad) con una iniciativa llamada Hot Water Bottle Network Brighton, a través de la que están colocando bolsas de agua caliente en los troncos de los árboles para que todo aquel que esté pasando frío pueda dormir caliente y “suponer la diferencia entre la vida y la muerte de la noche a la mañana”, según indican los organizadores del proyecto solidario. Algunos vecinos donan las botellas, otros las distribuyen y el resto las rellenan de manera comunitaria, con la colaboración de empresas locales que ofrecen recambios.

Hasta la fecha han colocado en árboles o han entregado en mano más de 500 botellas de agua caliente en los últimos tres inviernos y cuentan con más de 40 negocios involucrados en la iniciativa, que está comenzando a extenderse por otras ciudades de Reino Unido como Bristol, Leicester, Manchester, Londres, Nottingham o Cardiff, entre otras. “Un simple acto de bondad que puede marcar una gran diferencia”, expresan los organizadores.

Una lanzadera para personas sin hogar

Pero existen otras iniciativas solidarias que van más allá de la donación en nuestro propio país, donde se estima que existen entre 23.000 y 40.000 personas sin hogar, según cifras oficiales. Como Homeless Entrepeneur, un proyecto con sede en Barcelona, pero con acción también en Madrid, Tarragona, Reus y Seattle (Estados Unidos), que ofrece recursos, herramientas, conocimiento, una red de apoyo profesional y personal y dignidad para impulsar el talento y ayudar a personas en situación de exclusión a volver a ser los profesionales que eran previamente, ya sea como empleados, emprendedores o empresarios.

El responsable de esta idea, el estadounidense Andrew Funk, arrancó con el proyecto en 2015 después de haber pasado una temporada sin hogar tras la quiebra de su plataforma para inversores y emprendedores a causa de la mala gestión de uno de sus socios, lo que le supuso perder todo su dinero.

Nunca dejó de trabajar (casi todas las horas del día), pero tenía muchas deudas y pasó a vivir de prestado en casa de amigos y de conocidos, alejado de su mujer y de su hijo recién nacido. “Algo así te crea mucha inseguridad y estrés y realmente te mata, porque tu esperanza de vida disminuye muchos años”, asegura Funk. Ello le abrió la mente para pensar en ayudar de raíz, “desde la inversión, no la caridad”, a los más necesitados. Una situación, la falta de trabajo o de ingresos, que se convierte en la problemática de cerca de la mitad de las personas que acaban sobreviviendo en la calle o en lugares de acogida.

El programa cuenta con el apoyo del Gobierno, de empresas, de universidades y de la ciudadanía, ya que cada sin hogar les supone un gasto de cerca de 10.000 euros anuales, pero fomentan el que los propios afectados a los que ayudan se impliquen en el proceso.

Les ofrecen un año de sostenibilidad (programa con acercamiento holístico con refuerzo en la búsqueda de trabajo y en la correcta gestión de sus recursos, etc.), un segundo año para hacer labor de ‘hermano mayor’ con otras personas y un tercero en el que podrán participar como voluntarios. De hecho, en la actualidad cuentan con más de 250 personas que ayudan de manera desinteresada.

Homeless Entrepeneur ya ha conseguido devolver a ocho personas al mundo laboral y a la estabilidad económica y se encuentran apoyando a 16 sin hogar, aunque esperan que en seis meses puedan ser 56. “Queremos ayudarles a salir del agujero en el que se encuentran muchos y a que sean independientes para mejorar su situación”, concluye el promotor de la iniciativa.

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