La vida a palos
El actor Aitor intepreta a un hijo abandonado por su padre, un cantaor flamenco errante, en la obra 'La vida a palos', de Pedro Atienza y José Manuel Mora. Fotos: MARGA FERRER

“Debería haber más apertura de miras en la selección de actores”

El actor Aitor Luna es un ejemplo de que ser alto, guapo y con presencia física no tiene por qué no ir ligado a la calidad y al talento como intérprete. A pesar de que considera que ha comido “mucha mierda” durante su carrera profesional, ha tenido la oportunidad de participar en algunas de las series más reconocidas y recordadas de la pequeña pantalla como Los hombres de Paco o La catedral del mar.

Actualmente pisa las tablas de los teatros de toda España junto al actor Imanol Arias con la obra La vida a palos, de Pedro Atienza y José Manuel Mora, con un papel muy ‘flamenco’.

¿Qué puedes contarnos acerca de La vida a palos?

La vida a palos es un texto de Pedro Atienza que le llegó a Imanol Arias tiempo antes de fallecer, a través de Manuel Casado, amigo del escritor, y que cuenta la historia de un cantaor flamenco y la relación con su hijo, al que abandona para vivir su vida errante, ya que, como se dice en la obra, para ser libre tienes que estar solo. El hijo paga las consecuencias intentando entenderle.

Aun siendo vasco, ¿estás conectado al flamenco de alguna manera, además de por tu aspecto físico y por tu caracterización en la obra?

Mi madre es de Córdoba y mi padre de Granada, así que algo de flamenco hay. ¡Y la pinta de palmero que tengo también! Pero en casa no lo he escuchado especialmente, pero después sí que le he ido cogiendo el gustillo.

¿Cómo es trabajar con Imanol Arias y Guadalupe Lancho?

Maravilloso, un lujo: Imanol es un monstruo y Guadalupe un sol. Ella, además de actuar maravillosamente, canta como los ángeles.

¿Cómo llegaste al mundo de la interpretación?

Se me encendió la luz en Vergara, mi pueblo, con 15 años. Con 17 entré en una escuela de teatro y hasta hoy. Un aprendizaje de años que me ha dado fuerzas para comer mucha mierda y resistir.

Tener un hermano actor como Yon González, ¿te ha supuesto más un apoyo o un rival en la industria?

Siempre un apoyo. Somos diferentes y nos llaman para papeles distintos. A pesar de que mi papel en la serie La catedral del mar iba a ser para él, por ejemplo, pero la verdad es que no hay rivalidad.

Has hecho bastantes papeles dramáticos y de época. ¿Son registros en los que te sientes cómodo trabajando?

Es lo que ha venido, realmente.

¿Y el físico sigue condicionando los papeles que le tocan a cada actor?

Claro que influye. Debería haber más apertura de miras en la selección de actores para los papeles. Por ejemplo, yo tengo un amigo muy gordo y, a no ser que ponga en el guion que el personaje también lo es, no piensan en él. En realidad, nos pasa a todos, aunque hay tantas cabezas que deciden y tantos factores, que es difícil valorarlo. También va ligado a qué fama tienes, qué número de seguidores tienes en Instagram y muchas veces se prescinde de la calidad actoral en pos de todo ello.

¿Te quedas más con la televisión o con el teatro?

Son lugares diferentes: la tele se parece más a una fábrica de montaje, en la que todo tiene que engranar, y el teatro está vivo.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

tres × 3 =