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Javier Montes
Viernes, 27 noviembre 2009

El paraguas

Por Javier Montes, periodista

Por insignificante que parezca alguna circunstancia, en ocasiones se torna importante. A veces me ocurre que al levantar la persiana por la mañana espero ver el sol pero me sorprende una fina lluvia que trastoca mis planes iniciales. Hoy, por ejemplo, me ha pasado. Vivo en el Norte así que es algo habitual. Creo que dentro de no mucho tiempo estas eventualidades pasarán a mejor vida. El otro día me hablaron de un paraguas ‘mágico’ -con wi-fi incorporado- que cuando hay amenaza de lluvia provoca que se ilumine el mango y así sepas a qué atenerte al salir de casa (no es broma miren www.ambientdevices.com). Dicen que es el futuro. Parece una chorrada pero… es parte de lo que nos espera.

Cada vez todo será más previsible y al levantar la persiana habrá menos sorpresas. Una pena porque improvisar es una forma de cultivar la inteligencia y la creatividad. Al menos, eso creo. Me gusta la aventura y es cierto que las nuevas tecnologías facilitan mucho la vida pero vamos hacia un punto en que más que facilitarla, la destripan. Menos aventura y más rutina. A pocos les gusta mojarse y verán en ese paraguas un gran invento. Yo, en cambio, veo que nos volvemos unos seres que deambulan al dictado de las máquinas. A día de hoy quedarse sin cobertura ya es una desgracia y un trastorno monumental.

Aún recuerdo cuando llegué a la Universidad Pontificia de Salamanca en el año 1995. Entonces había junto a la entrada a la biblioteca dos ordenadores con conexión a Internet. Allí se agolpaban los ‘guiris Erasmus’ mientras yo no era capaz a comprender qué gran valor podían encontrar en aquellos ordenadores para llegar a esperar varias horas de cola. No han pasado ni quince años desde que caminaba junto a mis compañeros cargando por una máquina de escribir portátil para asistir a las clases prácticas de ‘Redacción Periodística’.

Cómo han cambiado las cosas. Basta entrar en la página de Internet de Coca-Cola (www.cocacola.es) y acceder a su Instituto de la Felicidad. ¿Me va a decir a mi Coca-Cola si soy feliz o no? Tal vez mañana no levante la persiana.



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