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Carlos Juan
Viernes, 18 septiembre 2009

El esplendor de Al-Andalus no se apaga en el corazón de la Sierra de las Nieves

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360gradospress visita el Festival de la Luna Mora de la villa de Guaro (Málaga)

CARLOS JUAN, Málaga. Para pasearse por el zoco instalado a lo largo de la avenida de Andalucía, en Guaro, hay que tener algo de aprecio a las características que da la luz de vela. Especialmente cuando ya ha anochecido y la calle se llena de sombras. También conviene tener algo de técnica en el manejo de la cámara de fotos porque sin ella no resulta sencillo llevarse un recuerdo electrónico de las penumbras de un mercado misterioso y, por ello, seductor.

Aún es posible realizar el viaje en el tiempo que propone el Festival de la Luna Mora. El sábado 19 quedará clausurada la decimotercera edición con la representación de la ópera flamenca ‘Fedra de Eurípides’. Esa noche, si el tiempo acompaña, si no se encajan tormentas en esa parte del valle del Guadalhorce, volverán a brillar las 20.000 velas que diferencian al Festival de otros mercados históricos.

Lo primero que llama la atención es la disposición de las candelas. Colocadas dentro de un cilindro transparente, los habitantes del pueblo las reparten por las calles situándolas sobre el suelo y junto a las fachadas de las casas. Una detrás de la otra y a la misma distancia. Para otras así como para algunas teas el lugar reservado son los alféizares de las ventanas, los balcones, las cornisas accesibles y cualquier repisa.

También se forman figuras como estrellas o espirales en algunas repisas que no son lugar de tránsito para los peatones. Cuando arde la cera en la oscuridad el fuego perfila la base y las líneas de las casas de modo que se hace difícil no elevar la mirada. De que haya fuego se encarga un grupo de voluntarios cuya herramienta de trabajo son los encendedores ‘de pistola’ utilizados en las cocinas de gas. Y para mantener a raya al fuego, caso de que surgiera en uno de los 20.000 posibles focos, también encontramos de guardia a un camión de bomberos en la entrada del mercado.

Los puestos de los ‘mercaderes’ árabes ayudan a conservar la penumbra iluminándose con linternas. La luz eléctrica prácticamente desaparece (sólo encontramos como excepción el habitáculo de un cajero automático) y los ‘flashes’ de las cámaras llenan de relámpagos blancos el lugar. Paseando por el recorrido en el que se asienta el mercado, es difícil no reflexionar sobre lo tenebrosas que eran las noches y no solo en los tiempos de Al Andalus, en cualquiera anterior al descubrimiento de la electricidad.
Respecto al mercado en sí llama la atención la cantidad de collares, pulseras, pendientes, abalorios y objetos creados para el embellecimiento del cuerpo. Adornos a los que se suman telas y diversos tipos de prendas, instrumentos musicales, alimentos, recipientes de vidrio y también juguetes artesanales para los más pequeños. Incluso espadas de madera y pequeños escudos para jugar al juego de moros contra cristianos. Realzan el ambiente la caracterización de quienes regentan estos puestos y también la de quienes espontáneamente ciñen a sus cuerpos algunos de los adornos más característicos de lo que conocemos aquí de la cultura árabe, especialmente las tiras de chapas de metal que a modo de cinturón suenan a cada movimiento.

En el Festival de la Luna Mora es posible revivir algunos de las manifestaciones culturales más sobresalientes de la Andalucía árabe. Nos referimos a la música, eso si fusionada en algunos pasajes con ritmos flamencos, a las narraciones orales, la astronomía y, por supuesto, la danza. Una jaima instalada en uno de los puntos del recorrido lo hace posible…aunque no por mucho tiempo. Cuando amanezca el domingo próximo Guaro volverá a ser el pueblecito serrano de casas blancas que era antes de que se produjera, en dos fines de semana el ‘regreso de la morisma’ a sus calles.
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