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F.C.
Viernes, 11 septiembre 2009

Disparos de metal

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Juan Carlos Barberá reúne su visión particular de los toros de Osborne como símbolo de la versión más purista del fotógrafo

F.C., Valencia. Érase una vez un niño que dibujaba encuadres por la ventanilla del coche familiar. Se hizo mayor y un buen día su destino le condujo a Salamanca con el pretexto de un viaje de trabajo. Corría el año 1994, por entonces vivía en Madrid y le encomendaron la misión de fotografiar a un torero. No le gustaban los toros, pero en su camino se cruzó con el mismo animal metálico de sus viajes de la infancia. Sin pensárselo dos veces, tiró del freno de mano y se resolvió a mirar de cerca lo que siempre contempló de lejos. ¡14 metros y cuatro toneladas! El toro de Osborne, del que quedan aproximadamente 90 ejemplares salpicados por la península, conquistó los clicks de su cámara. Todo comenzó en Cordovilla (Salamanca), desde aquel momento Juan Carlos Barberá, fotógrafo profesional afincado en Valencia, mira con el 17 de su objetivo, el reojo para los mortales, cualquier atisbo de fotografía en los toros que ha reunido en un libro y en una muestra itinerante cuya última estación ha sido el Ademuz Espai d’Art de la capital del Turia.

“Lo hice de lejos, me acerqué, me puse debajo y me di cuenta de lo grande que era. Hoy tengo miles de fotos”. Juan Carlos Barberá comenzó a sacar fotografías al toro de Osborne hace 15 años y no ha dejado de hacerlo. Cada vez que ve la oportunidad de un nuevo encuadre o de encontrar una instantánea diferente, no duda en esperar el tiempo que sea necesario hasta obtenerla. En plena época de la opción digital como recurso de manipulación fotográfica, él se considera un purista: “Las fotos son lo que se saca en el momento. Hoy en día el Photoshop hace milagros y te encuentras con preguntas que antes ni se planteaban a un fotógrafo sobre la autenticidad o la manipulación; yo prefiero quedarme a ver anochecer y sacar la foto antes que utilizar un programa que me pegue dos fotos como si estuviera anocheciendo”.

Desde el pasado 9 de septiembre y hasta el 10 de octubre, el Ademuz Espai d’Art acoge la exposición ‘Ferrobou’, una recopilación de su producción gráfica del toro de Osborne que antes ya había recorrido otras salas de Valencia, Toledo o El Puerto de Santa María. Precisamente, en esta última, el fotógrafo fue donde encontró el trampolín para publicar el libro que da nombre a la muestra, en el mismísimo corazón de donde salió la criatura metálica fuente de inspiración del artista. Enclavadas en el casco urbano del municipio gaditano, las bodegas de Osborne albergan la estructura que parió Manuel Prieto para deleite posterior de todos los que se la encuentran por las carreteras de España.

La muestra recopila parte de la producción del fotógrafo valenciano y se compone de fotografías de gran formato y de series de instantáneas que radiografían las diferentes versiones paisajísticas que ofrece el toro más famoso. Fotografías captadas desde la óptica curiosa que mira entre los huecos de las patas del toro o que pueden dar lugar a interpretar lo que piensa una cabeza corneada por ideas fijas cuyo hieratismo cobra vida desde el silencio oportunista del click de la cámara de Juan Carlos Barberá.
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