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Óscar Delgado
Viernes, 19 junio 2009

Esclavas de la enseñanza clásica

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Nos metemos en la Domus Baebia, una casa habitada por dos profesoras de instituto que recrean la vida de la Roma antigua

ÓSCAR DELGADO, Sagunto. “La primera vez que fuimos a tomar un cortado al bar nos preguntaron si hacíamos teatro”. Amparo Moreno y Charo Marco son las ‘esclavas’ de la Domus Baebia de Sagunto (Valencia), una recreación cien por cien natural de la vida de la sociedad romana de la época clásica que acaba de cerrar su primer curso lectivo de funcionamiento como aula didáctica con la visita de más de 1.300 alumnos procedentes de la Comunidad Valenciana y de Cataluña.

360gradospress se ha sumergido esta semana en la cultura y el modelo de vida familiar clásicos mediante los talleres de escritura, cosmética, cocina y hasta del legionario que ambas profesoras de instituto comenzaron a poner en práctica una semana cada 365 días junto a otros docentes hace 9 años, coincidiendo con el festival de teatro grecolatino. Desde el año 2000, aprovecharon la vestimenta clásica de Sagunto y sus reminiscencias romanas para sacar a la calle los utensilios típicos de la época clásica y organizar talleres que, finalmente, se han traducido en una actividad que se ha extendido a todas las semanas lectivas del curso escolar en la Domus Baebia.

Enfocadas para estudiantes de todas las edades, incluso universitarios, las visitas a la Domus Baebia pretenden elevarse a la categoría de regreso al pasado. Para lograrlo, tanto Amparo como Charo reciben a sus huéspedes ataviadas con las túnicas de la época, en calidad de esclavas de la familia que da nombre al hogar. “Existe documentación que ratifica la existencia de esta familia en la Roma clásica, aunque las relaciones de parentesco que representamos en el aula didáctica a través de los talleres no son necesariamente las reales”, explica Amparo.

Nada más entrar en la casa, el visitante encuentra los primeros testigos de historia en recreaciones de mosaicos de la época, en el busto de una persona pudiente, en la mesa de despacho del padre de familia o en una vitrina de pequeños objetos relacionados con la superstición y el culto. A la derecha, se accede a la culina o cocina, donde a la hora que llegó 360gradospress un grupo de alumnos de 4º de ESO del IES Violant de Casalduch (Benicàssim) participaba en un taller de costumbres culinarias y domésticas impartido por Charo Marco. Antes de compartir las características del menú romano, la docente (la esclava encargada de impartir clases en la Domus Baebia) demostró a los alumnos cómo hacían los romanos sus necesidades en una letrina reconstruida al detalle, con esponja y palo para la limpieza íntima incluidos.

¿Sabéis qué no comían los romanos? Ninguno supo contestar porque nadie cayó en que ni las patatas, ni el chocolate, ni cualquier otro producto de los que llegó posteriormente a Europa desde América se encontraban en el menú de la época clásica, a pesar de que sí podían comer una buena pata de jamón o frecuentar las tabernas de comida rápida (thermopilium) ubicadas en la plaza pública para almorzar (prandium). Para que luego digan que los yankis inventaron el fast-food y los onubenses las cinco jotas... Mientras Charo repasaba las costumbres culinarias, Amparo recorría con 360gradospress el resto de rincones de la casa sin poder especificar cuántos utensilios y objetos romanos albergaba, ni cuántos metros cuadrados o, mejor dicho, pies, tenía la domus de los Baebia. Una información prohibida para una ‘esclava’ de la enseñanza como ella.

Talleres
En las dos alturas que mantiene abiertas al público escolar y universitario, la Domus Baebia acoge los talleres didácticos con los que introduce a sus visitantes en la época clásica. Maniquíes con sus propios nombres romanos introducen a los visitantes bajo la forma de personajes la función de cada una de las artes domésticas de aquella época. Las sorpresas más habituales registradas entre el alumnado se centran en el descubrimiento de que los romanos llevaban ropa interior; en que para alejar malos augurios utilizaban como amuleto un motivo fálico; en la fabricación del papiro y en la utilización de productos naturales como los derivados del roble para la tinta; en la gradación de castigos que recibían los hijos de familias pudientes por parte del profesor que les impartía clases a domicilio; en las ‘tessellas’ o recordatorios que una familia entregaba a su huésped para que sus futuras generaciones recibieran de buen grado a su estirpe; en las tablillas de maldición para los menos afortunados; en los tatuajes con los que marcaban a los esclavos; en el despertador de agua o ‘clepsydra’ herencia de Platón; en el paso del tiempo vinculado a las fiestas; en la forma de vestir a un bebé como un embutido; o en el camuflaje al que sometían a los tableros de juego para eludir la prohibición del juego.

La Domus Baebia ha echado el cierre esta semana hasta el mes de septiembre. El curso que viene espera recibir la visita de más de 4.000 alumnos para confirmar el éxito de una iniciativa didáctica que sumerge la realidad cotidiana en épocas históricas donde el rol social era algo más que un DNI.



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