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Óscar Delgado
Viernes, 1 mayo 2009

David Barreiro: “La escritura es el más divertido de los aburrimientos”

Entrevistamos al columnista de 360gradospress tras publicar su primera novela: ‘Mediocre’

ÓSCAR DELGADO, Madrid. Un sol brillante alimenta las terrazas de la plaza de Olavide, en el barrio madrileño de Chamberí. Es el sitio elegido para entrevistar a David Barreiro, columnista de 360gradospress que acaba de publicar su primera novela: Mediocre. Este enclave también es el “oasis” del protagonista de la obra, un periodista con una vida triste que se erige en juez del papel de la profesión periodística con el único afán de conseguir una contratación indefinida. Guionista, escritor y periodista, a David Barreiro le preceden numerosos éxitos anónimos. Ganador, entre otros, del Asturias Joven de Narrativa en 2007 y autor de Relatos posindustriales (2008), el asturiano, que estudió periodismo en Salamanca, sitúa su meta editorial en que la “literatura siga ocupando ese porcentaje de vida que me hace sentir plenitud”.

Estamos en la plaza de Olavide, el lugar donde vive el personaje de tu primera novela, ¿qué tiene este enclave que no tengan otros?
En la novela hay un momento en el que digo que Olavide es el centro del mundo y para el protagonista Olavide es como un oasis de lo que es Madrid, una ciudad un poco arisca para él en la que sólo encuentra su punto de libertad en un balcón que da a la plaza de Olavide. También le gusta el mestizaje de la plaza, ya no sólo de razas, sino de clases sociales, de profesiones, de edades, con niños jugando, gente tomando sus cervezas…

La novela confiere un poso mediocre a la profesión periodística; ¿hace falta ser un mediocre para hacerte esta entrevista?
Cuando comencé la novela no pensé en hacerla sobre el periodismo, sino más bien sobre el mundo de la empresa en general y sus estereotipos a través de personajes con puntos diferentes que les permiten huir de esos estereotipos a lo largo del recorrido de la novela. Llegó un momento en que, dentro de ese mundo de la empresa, tuve que escoger una profesión. Como soy periodista y al trabajar en el gremio he visto que hay gente que no ejerce la profesión con dignidad, pues me decidí por ella. Hay un momento en la novela en que se afirma que los periodistas están más pendientes de la empresa y del dinero, elemento que mueve todos los intereses de una profesión, también la periodística. Pero tú no eres mediocre…

Detrás de esa faceta de periodista y de novelista que acabas de estrenar sabemos que hay una senda previa de premios, guiones, novelas en el cajón, ¿nos puedes contar un poco?
Soy periodista, estudié cinco años en Salamanca y ejerzo la profesión desde que terminé la carrera en un medio de comunicación especializado y a través de colaboraciones en otros medios, de prensa escrita sobre todo. Pero durante la carrera comencé a escribir guiones, relatos y luego novelas. Ésta es la única novela publicada pero es la quinta que escribo. No sé si las publicaré, pero ésa es la senda que tú dices la que he ido recorriendo durante estos años. Ahora estoy bastante más volcado en mi faceta de escritor que en la de periodista. Es lo que más me motiva, no sé luego hacia dónde iré.

Si retrocedemos en el tiempo, en el boceto de la profesión periodística cuando comenzaste a estudiar la carrera, ¿te imaginabas que iba a ser como aparece en Mediocre?
No, desde luego que no. No tenía muy claro por entonces cómo iba a ser la profesión de periodista. Tampoco tenía una vocación extrema, simplemente me interesaba pero no tenía muy claro de a qué me iba a dedicar yo dentro de la profesión ni de cómo iba a ser. En Mediocre hay crítica al periodismo pero también hay personajes que dignifican la profesión. Pero sí es cierto que en los últimos catorce años ha llegado el aspecto acomodaticio al periodismo que con la precariedad forman una combinación muy peligrosa que desemboca en un corta y pega.

¿El David (personaje) de la novela es el ojo crítico de David Barreiro?
Cuando dibujé el personaje sobre el que iba a escribir se me ocurrió ponerle mi nombre. Pero no porque yo sea el propio personaje de la novela, sino porque yo podría serlo. Es una crítica a la profesión desde dentro y digo que yo mismo formo parte de eso que hemos creado en el periodismo. Es una forma de decir que soy yo, pero sin serlo como crítica al periodismo. Y, desde luego, me critico a mí como personaje y éste se critica a sí mismo en el desarrollo de la novela porque parece que tiene muy claro lo que está bien y lo que está mal dentro de la profesión, quién vale y quién no, pero sin saber que él está dentro de la rueda. Lo reconoce, pero le resulta difícil asimilarlo.

Si David (personaje) le hiciera una pregunta a David (escritor), ¿cuál sería?
Pues preguntaría: ¿qué es de mí después de la página 132?

Pues creo que le toca contestar al David escritor…
Nos veremos en las siguientes novelas.

¿Recurrirás a él en tus nuevas historias entonces?
Es un personaje que tiene más recorrido, aunque no me planteo el momento. Pero está claro que hemos visto el fotograma de una película que ha explicado qué había en el primer acto, pero desconocemos qué pasa después en su vida. Puede que sea muy interesante.

¿Va a buen ritmo la entrevista?, ¿o está siendo mediocre?
Va bien, sí.

Entonces me vas a permitir recurrir a una de las preguntas tópico…
Me gustan los tópicos.

Pues defínete por favor. David Barreiro es…
Vago.

Si te dieran a elegir, ¿con qué te quedarías con una columna, con una crónica o con un dictado?
Con una crónica. La columna me gusta y escribo columnas, pero su límite es que carece de límite. Sin embargo, una crónica es exponer un punto de vista sobre algo, tu visión del mundo sobre algo que existe. Es el punto de vista original, el que nadie tiene sobre el mismo aspecto, algo que resulta muy atractivo.

¿De dónde saca tiempo un vago para escribir una novela?
La escritura es el más divertido de los aburrimientos. Hay cosas muy divertidas en la vida y hay cosas mejores que escribir. Pero de las aburridas, escribir es lo mejor. Y como a veces la vida es aburrida pues escribiendo la haces divertida.

¿Cuánto tiempo tardaste en escribir Mediocre?
Es difícil saberlo porque como me dedico a otras cosas nunca puedo dedicar, por ejemplo, un día entero a escribir. Tardé unos tres meses en horas sueltas. Aunque suelo escribir al mediodía. Pero no mucho tiempo, la verdad es que Mediocre la he escrito bastante rápido y la he corregido poco. Hay otras novelas y otros escritos a los que dedico más tiempo porque conllevan una escritura más compleja. En Mediocre, una vez que describí el personaje y hacia dónde quería que fuera, como tenía claro el fin desde el principio y la forma, un diario dinámico, pues fue más rápido.

Dispones de seis líneas, el equivalente a un minuto, para vender tu novela a la persona que esté leyendo la entrevista.
Mediocre es una novela en la que mucha gente se puede ver identificada, ya sea de la profesión periodística o no. Es más que una novela, porque tiene elementos poéticos y elementos cinematográficos y encierra mucha verdad dentro de un montón de mentiras. Es divertida, está muy cuidada, no hay nada gratuito en la novela, es corta porque no debía tener ni una página más, es emocionante hasta el final y es literatura.

Como asturiano que eres, ¿para cuándo una novela ambientada en Asturias?
Mediocre ha sido un paréntesis en mi actividad creadora; un día me saltó la chispa de Mediocre en un viaje de Madrid a Asturias. Son cuatro o cinco horas de trayecto que dan para muchas conversaciones. Ese día hablábamos del mundo de la empresa, de los grandes grupos mediáticos como opresores, de las relaciones laborales y de la excelencia que te exige siempre una empresa. Y me pregunté: ¿no tenemos acaso derecho a ser mediocres, a no tener esa excelencia por la empresa? Ahí surgió el título y la historia de Mediocre y desde el día siguiente me puse a escribir. Pero ya estaba escribiendo otra que paró por Mediocre y que luego he terminado. Es una novela dentro de otra novela, y una de ellas está ambientada en Asturias y la otra en Nueva York.

¿Dónde está su meta?
Mi meta está en tener siempre las mismas ganas de seguir escribiendo. Si un día las pierdo, no seguiré con ello. Por eso tiene mucho valor no vivir de la literatura; ganarse la vida con otra cosa y que la literatura sea un porcentaje de mi vida que me haga sentir plenitud.

¿Con qué frase te despedirías de esta entrevista para dejar huella?
La de Richard Yates que incluyo en la novela como reflexión muy lúcida sobre nuestra realidad. Reza así: “Es como una epidemia. Ya nadie piensa, siente ni se preocupa; nadie se entusiasma ni cree en otra cosa que en su puñetera y confortable mediocridad”.
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