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Carlos Bueno
Viernes, 17 abril 2009

Declaraciones envenenadas

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Por Carlos Bueno, periodista y escritor

El pasado fin de semana se produjo un pequeño catálogo de cruces de declaraciones taurinas. Las hubo para todos los gustos, desde las estrictamente correctas hasta las más irrespetuosas.

Me mola la competencia. Los retos mueven el mundo. Los desafíos nos hacen mejorar, la competitividad prosperar. El conformismo sólo conlleva estancamiento, y el compadreo coarta la evolución. En el mundo taurino, la concordia y la armonía entre los gallos del escalafón sólo puede comportar desinterés, nunca expectación, y si de algo está necesitada la Fiesta es de alicientes, de razones tan atrayentes que a nadie dejen indiferente, de poderosos estímulos que arrastren gente a la plaza, de sana polémica que posicione a unos aficionados a favor de Juan y otros a favor de José.

Está claro que donde deben hacer méritos los toreros es en el ruedo, pero muchas veces, lo que digan fuera de él y cómo lo digan, puede ayudar mucho a conseguir adeptos o crearse detractores. El pasado fin de semana ha sido prolífico en cruces de declaraciones entre varios de los toreros con más interés del momento. Ha habido manifestaciones para todos los gustos, desde las más elegantes hasta las más incendiarias. Algunas implicaban desconsideración, y otras rozaban la falta de respeto, al menos el mal gusto.

El más refinado fue Perera, que postrado en la cama del hospital reafirmaba ante los micrófonos de televisión su respeto hacia José Tomás, al tiempo que dejaba entrever aires de tormenta. No llegaba a ser una provocación directa pero sí una declaración de intenciones. Conociendo el carácter del extremeño seguro que llevará a efecto sus propósitos.

Más agraz se mostró Sebastián Castella con su compatriota Juan Bautista. Habían protagonizado un exitoso mano a mano en Arles, a plaza llena, y a Juan Bautista se le ocurrió decir que, visto el éxito artístico y de taquilla, sería oportuno que las empresas les contratasen más veces juntos. No tardó Castella en contradecirle. Textualmente dijo: ‘Mejor cada uno por su camino. Esto es el día a día y a final de año hablaremos’. Está claro que muy amigos no parece que sean, y que cada vez que salgan juntos a la arena, uno y otro intentará barrer al compañero. Estaré pendiente de cuándo vuelven a verse las caras los franceses.

Y del elegante y del áspero, pasamos al descortés. Descortés, desconsiderado y hasta irreverente se mostró Diego Ventura hablando de Pablo Hermoso de Mendoza, con el que había compartido terna. Una cosa es no comer sopa juntos y otra negar la mayor. Es incuestionable que Hermoso es el mejor rejoneador de todos los tiempos, y sólo por eso ya merece la admiración y el respeto de sus compañeros. Pero Ventura debe estar tan obcecado con el navarro que llegó a despreciar su quehacer, y eso es una osadía. Sentenció que no le impactaron lo más mínimo sus faenas, a pesar de que acababa de cortar cuatro orejas. La consideración y el reconocimiento no están reñidos con la modestia y la humildad. Pablo Hermoso, todo un caballero arriba y abajo del caballo, contestó que a todo el mundo le gusta ganar, pero que él nunca se salió de la pureza y la verdad para lograr sus objetivos, mientas que otros emplean tácticas y recursos para cortar las orejas que no entran dentro de los cánones del buen toreo a caballo. Ahí queda eso. A ver cómo se miran la próxima vez que coincidan.

Me mola el pique, los retos, la salsa de las declaraciones cruzadas, pero sin perder la elegancia, la ironía, los mensajes subliminales... Para la chabacanería nunca es buen tiempo. Lo que queda claro tras este inicio de temporada es que el escalafón taurino se mueve a ritmo de ambición, que a algunos les hierve la sangre, que se ha destapado la competencia y que, con ello, parece desterrase el conformismo. Los desafíos personales añaden aliciente a las tardes de toros. Ojalá no quede todo en simples palabras.
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