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Víctor Sariego
Viernes, 6 febrero 2009

A vueltas con la pandereta asesina

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Cientos de activistas boicotean la Copa de España de Caza del Zorro

VÍCTOR SARIEGO, Pontevedra. Este país vuelve a ser ‘el de la pandereta’ en muchos momentos, ‘exótico’ por primitivo y disculpado por atrasado. Una cualidad que no está a salvo de ningún nacionalismo, ni particularidad histórica, la ‘España caní’ tiene reductos en toda la península ibérica. Aunque para destacar la excepción, varios periodistas ingleses, entre ellos del reconocido The Guardian, vinieron ‘a la piel de toro’ para poner como ejemplo a varios colectivos que rechazan la caza del zorro, pues en el país anglosajón, con gran tradición en estas lindes, ya son mayoría los que han concluido, sin ambages y definitivamente, que este tipo de cacerías no son defendibles bajo ningún punto de vista. El caso es que cerca de 300 personas provenientes de todo el Estado boicotearon varias de las competiciones nacionales que se celebraron en Pontevedra los últimos días de enero. Entre ellas y como la más destacada, la del día 24, la VI Copa de España de Caza del Zorro en los montes de Rodeiro, al norte de la provincia. Lo que pretendía ser una marcha “pacífica, pero rotunda, con mucho ruido”, acabó con enfrentamientos verbales, disparos amenazantes y la intervención de la Guardia Civil, aunque no se produjeron heridos ni detenciones.

El gran temporal que sufría la comunidad no impidió que activistas de Galicia, Madrid, País Vasco y Valencia participasen por tercer año consecutivo en este acto de sabotaje convocado por asociaciones locales y regionales como ‘Adega’ o ‘Matar por matar no’, y la estatal ‘Equanimal’, cuyo presidente, Eladio Ferreira, explicó que los incidentes más graves se produjeron cuando “llamamos a la Guardia Civil para denunciar que algunos cazadores transitaban por zonas de seguridad y con las escopetas cerradas, por lo que incumplían la ley de caza”, lo que motivó, según añadió, “que uno de estos participantes que iba armado, encañonara hasta tres veces, y profiriera amenazas, contra uno de los fotógrafos de la marcha”. Poco después, sigue contando Ferreira, “se produjo un disparo a un árbol de uno de los cazadores para intimidarnos”.

Varias cuadrillas tuvieron que desistir en su afán de dar caza al zorro por la intervención de los ecologistas, que circulaban por los senderos de seguridad armando ruido para espantar a animales, por lo que Equanimal, que define esta actividad como “asesinato”, califica dicha jornada de “éxito”, aunque relativo, pues aún se pudieron cobrar 27 piezas, si bien es verdad, frente a las 63 de 2008. Sin embargo, el número exacto de zorros abatidos es difícil de conocer, dado que una empresa privada se encarga de recoger inmediatamente los cadáveres para analizarlos, extrayéndoles parte de los ojos para comprobar su ‘frescura’, “para atestiguar que entre ellos no hagan trampas”, alude Ferreira, que dice “reírse del presunto honor de un colectivo que tiene que recurrir a estas prácticas”. Además de los cuerpos no se aprovecha nada, con lo que, como concluye el portavoz ecologista, “todo es aún más inútil y absurdo. Podría entender, aunque no lo compartiera, que se cazara para comer, pero en este caso, los zorros se destruyen sin más. No es de extrañar que incluso muchos cazadores rechacen estas cacerías y no participen en ellas”.

Las organizaciones naturistas, que celebraron también una concentración de repulsa a mediodía en el centro de Rodeiro, en contra del campeonato de caza, habían intentado evitarlo también por vía judicial, presentando una denuncia, argumentando que dicha actividad, además de inmoral, es ilegal por incumplir supuestamente la Ley de Caza y la Orden de Vedas. Pero el fiscal especial de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia, Alvaro García Ortiz, archivó las diligencias por tratarse de un tema “que atañe al ámbito civil y no al penal”.



Reflexión
Poco enseñan en las facultades de periodismo de la verdadera universidad, la de la vida, y mucho se divaga en ellas sobre qué postura debe tomar el periodista ante la actualidad. Hasta hace varios años se suponía que el profesional de la información debía esgrimir la objetividad más absoluta y buscar, literalmente, ‘la verdad’. Las nuevas corrientes de comunicación exigen ahora a redactores y reporteros estar muy formados y, antes de afrontar cualquier tema, prepararse concienzudamente y de forma especializada para elaborar información con cierto tinte personal, que se supone será la más justa y mejor de las versiones. Máxima tan laudable encuentra un fallo práctico: la presión tan inmensa del dictado de la política, los grupos empresariales y económicos, así como la tradición, en muchas ocasiones, y como en España, muy discutibles.

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