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Voro Contreras
Viernes, 14 noviembre 2008

Cuando molar mola

Voro Contreras es periodista

Hasta no hace mucho (justo hasta que construyeron allí un concesionario de coches bien), en un la única pared que quedaba de un edificio abandonado de la avenida Maestro Rodrigo, en Valencia, alguien dejó pintada una frase: “Molar mola”. Y atribuía en la misma pintada la autoría de tal lapidaria sentencia a Bruce Lee. La verdad es que Bruce Lee mola, pero por mucho que he buscado en enciclopedias y consultado en Internet, en ningún sitio he comprobado que tal profunda reflexión la emitiese el famoso luchador de kung-fu, y estrella marginal del cine. Eso no quita que molar, efectivamente, mole. Pero yo cuando pienso en mí mismo como personaje molón, no pienso en mí en forma de Bruce Lee pero sí en forma de John Wayne, Steve McQueen o Marcelo Mastrionanni. Al final de todo, uno es consciente de que solo puede molar, antropomórficamente hablando, en forma de estrella cinematrográfica. Lo demás es pura ilusión.

En el mundo de los vivos el personaje más molón que conozco es el Xato Mecànic. En mi pueblo hay varios “xatos”. “Xato verduler” era el padre de mi amigo Sergio antes de jubilarse de tan esclarecedora profesión. “Xato Melinero” es mi amigo Sergio, por ser hijo de Xato y de Melines (Emilia), su madre. “Xato Cubano”, con su reminiscencia decimonónica, murió descalabrado una noche etílica cuando se precipitó escaleras abajo. Y “Xato Tallo” era un excelente albañil hasta que se retiró para dedicarse plenamente al almorzar. Todos molan en lo suyo, y todos son respetables, pero el que más mola es Xato Mecànic. Defectos del Xato Mecànic, todos. Virtudes, más. Sobre todo, saber distinguir una tónica Schweppes de una Nordic con solo arrimarle la nariz al vaso. Él llama al gin tonic “Pink Floy barato”, vaya usted a saber por qué. Y el propietario o camarero de cualquier bar de mi pueblo sabe que si este Xato pide un “Pink Floyd barato” está pidiendo un vaso de tubo con dos hielos, un tercio de Larios y dos tercios de Schweppes. El chorrito de limón o incluso la rodaja del cítrico son lujos innecesarios.

Siendo yo disckjockey y camarero en un pub habitual, el Xato me pidió su rutinario “pinkfloyd” y yo me di cuenta de que no había tónica Schweppes, así que, infeliz, le serví la ginebra mezclada con Nordic después de haberla preparado a escondidas para que mi mecánico y tridente (sólo conserva dos incisivos y un molar) amigo no se diese cuenta. Al Xato sólo le hizo falta acercar su nariz al borde de la boca del vaso para percatarse de que alguien había intentado engañarle vilmente intentándole colar una tónica diferente a la que ya tenía metabolizada. Ni siquiera se esforzó en ceder o beberse el brebaje de mala gana, y prefirió renunciar al gin tonic, pedirse un ron con cola y abonar los dos cubatas.

Fue lo más molón que había visto hasta ese momento en mi vida, y no he vuelto a ver a nadie defender sus principios con tanta prestancia y dignidad como esa noche vi al Xato ante el pinkfloyd fraudulento. Me di cuenta de que la oportunidad de molar está a la vuelta de la esquina. Sólo hace falta que uno se esfuerce hasta sacrificarse y alguien esté allí para contarlo.
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