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David Casas
Miércoles, 14 marzo 2018
Ecología

Por un mundo sin plástico

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Miles de millones de toneladas de plástico conviven con nosotros desde que en los años 50 se puso de moda su uso como recipiente para todo tipo de productos de alimentación en supermercados, debido a su resistencia, a su durabilidad y a su bajo precio. Hoy campañas en todo el mundo tratan de concienciar sobre la necesidad de su reducción para dar un respiro al medioambiente y a nuestra salud.

[Img #26160]Vivimos rodeados de plástico. Literalmente. Según estudios de Greenpeace, hemos generado más de 8.000 millones de toneladas de este material desde 1950 (la mitad, en poco más de una década), entre botellas, envases, resinas para fabricar muebles o fibras textiles, que no son biodegradables (solo se descomponen hasta ser imperceptibles por el ojo humano, pero siguen ahí).

 

De todo ello, solo se ha reciclado el 9%, mientras que el 79% se encuentra en vertederos o en el medioambiente y el 12% restante es incinerado, lo que provoca la liberación de toxinas perjudiciales en el aire.

 

El plástico es un material maravilloso, ya que es resistente, duradero, económico, moldeable y, bien utilizado, muy ventajoso. El problema no es de él en sí, sino del uso que estamos haciendo. Se debería utilizar para objetos de muy larga duración y no para desechables, pero es muy barato”, indica el equipo de la plataforma española Vivir sin plástico.

 

A este ritmo, y como indican los expertos, en poco más de 30 años estaremos hablando de 12.000 millones de toneladas de residuos de plástico. Una cifra que alarma y que ha llevado a la aparición de multitud de organizaciones que tratan de concienciar sobre la eliminación del uso de este tipo de producto entre los consumidores (160.000 personas lo utilizan cada segundo).

 

Sobre todo, aquellos que compran en los establecimientos de alimentación, donde, a pesar de extenderse cada vez más la dispensación de bolsas biodegradables, se encuentran frutas y verduras de todo tipo en bandejas de plástico, en lugar de encontrarse a granel para que la gente pueda adquirirlas y guardarlas en recipientes de tela o de algodón orgánico reutilizables, lo que dificulta la tarea de concienciación.

 

[Img #26161]Acciones que denuncian el uso de plástico en los supermercados

A finales de este mes, en Ámsterdam, la cadena holandesa de supermercados ecológicos Ekoplaza inaugurará su primer establecimiento ‘libre de plásticos’, con cerca de 700 productos de alimentación y de bebida que no los utilizan: todos se venden a granel o envueltos en papel, cartón u otras alternativas con certificación ecológica. La idea de la empresa es conducir este concepto hasta el resto de sus tiendas en los próximos años.

 

Por su parte, en España la acción ‘anti-plástico’ se está llevando a cabo a través de las redes sociales. De hecho, en las últimas semanas ha surgido la campaña #DesnudaLaFruta de la mano de la plataforma Vivir sin plástico y del blog de medioambiente La Hipótesis Gaia, en el que su autora, Isabel Vicente, cuenta sus avances para lograr llevar una vida sostenible.

 

La acción pretende llamar la atención de consumidores, marcas y supermercados para concienciar y ofrecer alternativas sencillas al plástico y para animar a las empresas a dejar de utilizarlos como envases o embalajes en pro de la oferta de los productos a granel. La gente que participa lo hace subiendo una fotografía de envases de plástico que encuentren en sus lineales de confianza a través de sus cuentas de redes sociales, con el hashtag #DesnudaLaFruta.

 

Hasta el momento, Vicente destaca que no haya habido todavía ningún compromiso real por parte de las empresas, más allá de comentarios en los que han indicado que “tendrán en cuenta esta demanda”, sin especificar ninguna acción concreta, que considera que debería ir apoyada por campañas institucionales. “Es un primer paso muy sencillo que puede ayudar a seguir por el camino de la reducción de envases en otros ámbitos”, valora la bloguera.

 

Una suma de pequeñas acciones a través de las redes sociales que pueden ayudar a, al menos, minimizar esta adversidad considerablemente. “Con coger o no coger una bolsa o un producto sobre envasado podemos estar contribuyendo a ser parte del problema o de la solución. Cualquier persona puede reducir el uso de plástico desechable sin esfuerzo; solo es cuestión de proponérselo”, concluyen desde Vivir sin plástico.

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