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Inma Gabarda
Miércoles, 20 septiembre 2017
REPORTAJE

Un camino abierto a la esperanza

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‘Te odio’, ‘te jodes, no haberme tenido’, ‘ojalá te mueras’ o ‘me amargas la vida’ son algunas de las expresiones más desgarradoras que por desgracia tienen que escuchar las familias con adolescentes que presentan trastornos conductuales, la primera causa de consulta en salud mental, según los especialistas. Esta semana 360 Grados Press aborda esta problemática con un equipo de profesionales de Málaga, con más de dos décadas de experiencia.

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Alejandro tiene 15 años. Sufrió bullyng en silencio cuando estaba en el colegio y manifestó su disconformidad a través de la ira y la agresividad que volcaba con su familia. Llegó a agredir a su madre y continuamente faltaba el respeto a sus padres. Hasta que un día se vieron abocados a vivir en un estado prisionero, a poner un cerrojo en su habituación por miedo a ser agredidos. Cuando la situación les desbordó, decidieron buscar ayuda profesional. “Visitamos psicólogos, psiquiatras, hablamos con el colegio pero no podíamos hacernos con él porque no lográbamos detectar el origen del problema”, explica su madre.

 

María no es un caso muy dispar al de Alejandro. Ella no sufrió acoso en silencio, pero su trastorno límite de personalidad que, a menudo se confunde con la bipolaridad, le llevó también a una conducta muy parecida. Y a sus padres al mismo camino, un programa familiar para corregir sus malos hábitos. 

 

Estos dos ejemplos tipo muestran una realidad cada vez más frecuente, ya que en los últimos cinco años ha aumentado el número de diagnósticos con trastorno de conducta en menores, y se estima que uno de cada cinco niños presentará durante su infancia o adolescencia algún trastorno conductual, según apunta el informe “Adolescentes con trastornos de comportamiento, ¿Cómo podemos detectarlos? ¿Qué se debe hacer?” elaborado por el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

 

Otros estudios recientes europeos verifican esta estadística, ya que según señala el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, entre un 17 % y un 22 % de los jóvenes menores de 18 años sufren problemas de desarrollo, emocionales y de conducta y uno de cada ocho jóvenes padece un trastorno mental. Los detonantes son diversos. Al contrario de lo que pensamos, la mayoría de veces estos jóvenes no provienen de familias desestructuradas, sino que actúan así como resultado de una educación rígida o trastornos de carácter neurobiológico o como consecuencia de consumir alcohol o cannabis. Tal y como muestran los datos obtenidos por la última encuesta EDADES del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, un 58 % de las personas que consumieron alcohol en los últimos 12 meses son menores de entre 15 y 17 años y el 12,6 % de la misma edad consume cannabis.

 

Para poner fin a este problema gradual, existen técnicas específicas para trabajar con todos los agentes que intervienen en el sistema familiar como es el caso del programa Acude Vítalis impartido en un centro residencial en Málaga y dirigido a aquellos adolescentes de entre 12 y 17 años que presentan trastornos de conducta y de comportamiento. Un equipo multidisciplinar con más de 20 profesionales especializados trabaja en realizar el abordaje necesario para la plena recuperación e integración del adolescente, proceso en el que la familia adquiere un protagonismo esencial en la normalización del adolescente. 

 

“Trabajamos con diferentes métodos: de forma individual, con los chicos en el centro residencial y su equipo de especialistas asignado; con las familias que vienen y asisten a terapias grupales con otros padres dirigidas por un psicoterapeuta y con los progenitores y el adolescente en terapias familiares individuales. Esto permite conocer el origen del problema y canalizarlo mediante actividades, refuerzos positivos, así como reconducir las malas conductas a través del amor”, señala Marta Castro, coordinadora general del programa y trabajadora social.

 

Algunas de las actividades lúdicas que impulsan desde este programa tienen una base terapéutica como los talleres impartidos por expertos en mindfullness, yoga, huerto ecológico, teatro y danza. “Les enseñamos a comunicarse de nuevo cuando el sistema familiar está roto, a expresar sus emociones, a sentir la sensación de gratitud cuando recogen una cosecha que han sembrado ellos mismos y los resultados son maravillosos”, relata.

 

El compendio de actividades y técnicas sociales se realizan en el marco del centro educativo, con distintos espacios abiertos. Allí se abordan programas individualizados orientados hacia una recuperación biopsicosocial así como una intervención integral terapéutica y académica cuya base fundamental, tal y como señala Castro, es enseñarles a “escuchar, con el cuerpo, la mente, los sentidos, a reconocerse y entenderse desde el amor, la base de cualquier núcleo familiar".

 

Aunque en muchas ocasiones estos procesos tienen un resultado exitoso y los trastornos cesan, existen algunas excepciones en las que se manifiestan de nuevo, “porque no se ha producido un cambio real y en este caso  trabajamos de forma ambulatoria con ellos para reforzar las conductas y los conocimientos adquiridos”, concluye la coordinadora.


@ingabarda

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