Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Óscar Delgado
Miércoles, 8 marzo 2017
Reconstrucción de momentos

Mi payaso

Disfruto mucho cuando pongo sobre la mesa a mi payaso y percibo una reacción favorable en el interlocutor que lo rescata. Todos tenemos un sentido del ridículo más o menos desarrollado, aunque nos cuesta hacerlo público. Lo despertamos casi siempre en nuestro círculo íntimo, con nuestros amigos, con la familia o con la persona que nos soporta a diario. Ser clown –término anglosajón que designa la realidad a la que me refiero- es ser persona en su definición más primigenia.

[Img #25218]Las normas de conducta establecidas por consenso social nos determinan un comportamiento que no siempre es fácil de aplicar. Por naturaleza somos imperfectos y aspirar a cumplir al pie de la letra unos preceptos adultos afecta a nuestro lado más rebelde. Como somos crueles, muy crueles, aprovechamos las debilidades de nuestros congéneres para reírnos de ellos en los espacios del regodeo, en los sitios donde sabemos que la persona que sufre –más bien disfruta- del ridículo está acorralada por miradas justicieras que detectan el olor a incongruencia. No quiero ser espeso, mi pretensión es introducir al payaso, a la persona non grata de cualquier protocolo que se precie, al ser más espontáneo y natural que conservamos en nuestra persona más sincera.

 

En el año 2001 tuve la oportunidad de entrevistar a Eric de Bont, un payaso orgulloso de su condición que impartía un master internacional de clown en Ibiza. Asistir a sus clases fue una aventura digna de ser retratada en el tiempo, una experiencia que vendría muy bien a los que depositan el sentido de sus vidas en la amargura del prejuicio o en la venganza de su propia ignorancia. “Ser clown es disfrutar del fracaso”, decía.

 

No hay nada mejor que descontextualizar un momento amargo y hacer lo que uno sólo se atreve a escenificar a solas. Si trasladas esa espontaneidad a un escenario y la compartes sólo hay lugar para la carcajada. Alma naturista, encuentro salvaje con un yo amanerado, grito de vida en la ciénaga del qué dirán. Probad a hacer eso que nunca os habéis atrevido, sentid el calor de los mofletes rojos, la vergüenza del prejuicio, el aliento de unas carcajadas de plástico. Bueno, mi payaso se despide de vosotros. Esconderé mi nariz roja en la mesilla de noche porque ahora he de ponerme la careta rancia que esperan de mí al salir a la calle. ¡Uh!

 

(Dedicado a una profesional que se atrevió a quitarse su máscara tecnológica para compartir las risas de unos alumnos clown ávidos de situaciones límite).


@os_delgado

Noticias relacionadas
Acceda para dejar un comentario como usuario registrado Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas para comentarios
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
360 Grados Press • Términos de uso y aviso legalPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress