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Sharon Reguera
Miércoles, 1 marzo 2017
Economía

Otro paso hacia la precariedad laboral

Lejos de la tradicional demanda de trabajo a través de instituciones o el envío de currículums, cada vez son más las empresas y trabajadores que apuestan por los “gigs” o las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) como medio de trabajo. Estos empleos temporales les aporta la libertad de distribuir su tiempo como ellos deseen, así como la independencia de determinar su sueldo y dónde realizan la actividad empresarial. Al menos, eso dicen las empresas que las impulsan.

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Luis trabajó durante tres años en una ETT en Zaragoza, estas empresas funcionan como intermediarias de otras compañías, ellas son las encargadas de contratar a los trabajadores y de darles de alta la Seguridad Social, así la compañía se haya con la libertad de despedir cuando el usuario deja de ser necesario o de evitar contratar durante los fines de semana -ya que el sueldo esos días es más elevado-. De los tres años que Luis trabajó para ellos, sólo cotizó quince meses ya que los horarios son muy irregulares.

 

Actualmente, Luis ha encontrado un trabajo fijo de lo que estudió, sin embargo, continúa realizando gigs para lograr un dinero extra a fin de mes, como el uso de Bla Bla Car o el alquiler de una habitación en Airbnb. Aunque las empresas que explotan esta tendencia se presentan como la solución para aquellos que desean mayor libertad en su vida laboral -elección de horario, de salario, de ubicación...-, el estudio Independent work: Choice, necessity, and the gig economy, realizado por el McKinsey Global Institute, muestra que más de 162 millones de personas entre los 20 y los 30 años, y habitantes de Europa o Estados Unidos, están realizando o han realizado este tipo de actividades, y de estos solo un 30 % trabajan exclusivamente en estos empleos temporales, mientras que un 40 % admiten que es un suplemento a otras actividades y un 30% confiesa que se ve obligada por la falta de empleos fijos.

 

Se ha de matizar que la economía “gig” es más precaria que las ETTs, ya que se tratan de empleos donde el trabajador realiza un encargo, él es el responsable de aportar todos los medios y conocimientos necesarios para llevarlo a cabo y, una vez cobra, un elevado porcentaje de este “sueldo” lo recauda la empresa intermediaria. Además, frente a las ETTs, las empresas no dan de alta en la Seguridad Social a sus empleados ni se hacen responsables de los riesgos laborales que pueda acarriar la realización de su empleo -un ejemplo es la pasividad de Uber ante los abusos a taxistas en México-.

 

El crecimiento de la oferta y la demanda de este tipo de empleos se ha dado gracias a la incertidumbre laboral, además de verse favorecido por la expansión y el desarrollo de Internet, que favorece las comunicaciones entre la empresa-cliente y el trabajador. Según un estudio de los economistas de Harvard, Lawrence Katz, y de Princeton, Alan Krueger, se observa que el número de empleados “alternativos” en Estados Unidos aumentó al 15,8 % desde 2005, lo que supone un incremento de 9.4 millones de trabajadores.

 

Se plantean como puestos temporales, una ayuda para seguir adelante hasta que se alcance el objetivo: un puesto de trabajo fijo. Sin embargo, la realidad es muy distinta, y lo que comenzó con la oferta de puestos en hostelería, turismo o transporte, pronto se ha expandido a empresas cuyos puestos de trabajo eran, sino fijo, sí estables: abogados, economistas, publicistas, profesores... Las empresas contratan a través de subcontratas como Get That Gig o TaskRabbit para un acontecimiento puntual, sin establecer lazos con el empleado, así, cuando deje de ser útil, es despedido sin ningún tipo de compensación.

 

Luis ya posee un empleo fijo y se ríe cuando se le plantea la posibilidad de abandonarlo por la inseguridad de estos empleo temporales, sin embargo, son muchos los economistas que creen que este modelo se irá expandiendo cada vez más, y que serán necesarias medidas políticas y económicas para lograr que esta tendencia que ha nacido por la precariedad laboral que viven los ciudadanos, no se implante y dé lugar a más empleos inestables.


Sharon Reguera

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