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David Casas
Miércoles, 20 mayo 2015
Alternativas para fomentar la ciencia

Conocimiento a golpe de carcajada

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La llama del interés científico se está viendo avivada por iniciativas refrescantes y rompedoras que hacen uso del recurso que mejor conecta con la sociedad y con los jóvenes en particular: el humor.

[Img #22186]La fiebre por la ciencia entre los más jóvenes ha sido estacional en todo el mundo y siempre transferida a través del cine y de la televisión. Con la llegada del primer hombre a la luna en 1969 y, sobre todo, con su difusión multitudinaria en directo gracias a los rayos catódicos de la ‘caja tonta’, todos los niños querían ser astronautas de mayores; con los avances en la animación y el 3D y la pasión que derrochaba el divulgador científico Carl Sagan en su serie documental Cosmos: un viaje personal, viraron sus sueños hacia la Astrofísica para descubrir el origen del universo durante los 80. Ya en los 90 las taquillas se tambalearon con las pisadas del Tiranosaurio rex y hasta el más pintado aprendió a decir “Pterodáctilo” tras ver en los cines Jurassic Park.

 

Con el tiempo, muchos de esos renacuajos soñadores descubrieron los años de estudio y de investigación que había detrás de esas batas blancas y de las mil y una aventuras que iban asociadas a ellas y se vieron vencidos por la pereza. Pero al menos la semilla estaba plantada y otros tantos sí quisieron seguir los pasos de sus antihéroes y hacer carrera en la ciencia. Pero ¿qué ha pasado con la divulgación científica desde entonces? ¿Ya no hay niños interesados en esta materia? ¿No encuentran esa motivación en la escuela? La respuesta está clara: no, pero con matices actuales. “A la hora de transmitir las materias de carácter científico, ha sido más habitual enfatizar conceptos y respuestas en lugar de mostrar el proceso de descubrimiento y estimular la formulación de preguntas, por lo que las asignaturas de ciencias se vuelven difíciles y aburridas”, asegura Mariola Lorente, colaboradora de Energía Creadora.

 

[Img #22183]Este proyecto, nacido de la mano de Fundación Repsol y de Fundación Universidad de Padres, se vuelca justamente en conseguir aquello en lo que el sistema educativo no pone verdadero interés: despertar en los jóvenes el gusto por la ciencia y la tecnología, promover la creatividad y fomentar el talento. Es decir, convertir lo teórico en práctico. Humanizar lo científico. “El gran reto de la didáctica de las ciencias es lograr que los alumnos conecten los aprendizajes del aula con sus contextos personales y sociales, estimular la curiosidad y el pensamiento crítico”, explica Lorente.

 

Aun así, se van produciendo avances paulatinos en pos de una enseñanza más ligada a la realidad y menos a los libros a través del aprendizaje por proyectos en el que los alumnos realizan experimentos y que se sume a visitas a museos, competiciones científicas o de diseño de inventos, etc. Y el interés por la ciencia también va creciendo. De hecho, según un estudio del CSIC, casi el 90% de los encuestados apoyaba aumentar o mantener la inversión en I+D+i y el 75% le dio importancia a la ciencia, en su mayoría jóvenes de 15 a 24 años, que han hecho aumentar este porcentaje desde 2010 en un 19%. “Hay que transmitir mensajes optimistas en vez de perpetuar el discurso dramático que acompaña a la ciencia, ya que en España tenemos gente muy válida y de gran talento; lo que hay que hacer es apostar por ella”, valora la colaboradora de Energía Creadora.

 

‘A(Hu)mor’ por la ciencia

[Img #22185]Por su parte, la televisión continúa haciendo su “guerra” por libre para la fomentación de la ciencia entre los jóvenes (una batalla realmente por hacerse con la mayor cuota de pantalla posible, aunque nunca se puede desmerecer el acto de visibilidad en sí). Pero en los últimos años se ha añadido a este objetivo un ingrediente que es clave del éxito de todo formato televisivo: el humor. La sitcom que ha catapultado una visión diferente de divulgar esta rama del saber humano es The Big Ban Theory, que resurge la figura del científico en forma de ‘freaky’ y con una (casi siempre) lograda base de investigación en cada uno de sus guiones con la que ofrecer diversión al tiempo que conocimiento verídico.

 

Una efectiva fórmula matemática que The Big Van Theory: La Teoría del Furgonetón han aprovechado magistralmente. Se trata de una compañía formada por un grupo de jóvenes científicos venidos de diferentes campos, desde la física hasta la bioquímica, que se han liado la manta a la cabeza, después de que en 2013 se conocieran en el concurso de divulgación científica FameLab, para recorrerse España y medio mundo a lomos de una ‘retrofurgoneta’ con unos monólogos en los que la risa y el rigor científico se dan la mano. “Creemos que el aumento del interés de la ciencia pasa por romper estereotipos, sacar a los científicos de los laboratorios e introducirlos en todo tipo de escenarios para mostrarlos como gente cercana, orgullosos de su profesión y capaces de hacer reír”, considera Helena González, doctora en Biomedicina e integrante del equipo humorístico.

 

El conocimiento no es cosa de sexos

[Img #22184]González, que bromea con que salió del cine tras ver, siendo pequeña, Jurassic Parkqueriendo clonar un dinosaurio” y terminó con un doctorado en Genética, destaca el esfuerzo de TBVT por revertir la imagen de los científicos, que pueden ser modelos a seguir, y por hacer comprender a los estudiantes que la ciencia les rodea. También por estimular a las jóvenes a realizar las tradicionalmente carreras masculinas, aunque considera que en esta decisión académica actúan dos factores, uno biológico y el otro cultural y educacional. “Por un lado, las mujeres se interesan más por áreas de estudio más emocionales y, por otro, desde pequeñas se les enseña a cuidar muñecas y a vestirse de princesas. El cambio se debe llevar desde la primaria, empoderando a las niñas con habilidades que, hoy por hoy, son vistas como ‘cosas de chicos’”, defiende la monologuista. Un viraje de mentalidad que debe alcanzar su etapa adulta para que puedan compatibilizar una vida familiar con una científica y, con ello, lograr puestos de mayor rango en los laboratorios y centros de investigación.

 

Demandas de progreso desde la educación, la concienciación y el humor con las que convertir a los profesionales en personas a pie de calle y a la ciencia en algo tangible y necesario para la sociedad. Con las que transformar el teorema en teoría demostrada y que no quede relegada al cajón de las conjeturas.


@casas_castro

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