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Laura Bellver
Miércoles, 11 junio 2014
Slow Living

El Mediterráneo en ocho millones de pasos

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¿Se está perdiendo el estilo de vida propio de esta zona en la contemporaneidad o, por el contrario, su correspondiente cultura permanece? En 360 Grados Press hemos conocido a alguien que se ha propuesto recorrer todos los territorios que baña este mar con dicha pregunta en la maleta.

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Hace aproximadamente unos dos años me di cuenta de que había dejado de crecer, de que estaba espiritualmente muerto”. Juraj Horniak comienza a argumentar el porqué de su decisión en estos términos. Ahora, se encuentra inmerso en ese viaje que comenzó el pasado mes de marzo en España y cuyo destino final es Turquía. El itinerario contempla pasar por Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Albania y Grecia. Todo ello, a pie. Se trata de 8 Million Steps, un proyecto que, aparte de una aventura personal, pretende servir como una suerte de regalo para el prójimo. “Voy a pasar los próximos años de mi vida explorando la esencia del Mediterráneo y abanderando la defensa de las virtudes del Slow Living con la esperanza de dejar un legado en el que alguien pueda encontrar algún valor”, explica él mismo.

 

¿Y cómo es él? ¿Y en qué lugar se enamoró de ti?

[Img #20222]La historia vital de Juraj es, cuando menos, rocambolesca: de origen checoslovaco, abandonó de joven su país con motivo del régimen político del momento. Pero su relación con la cultura mediterránea no se fraguó hasta dos décadas después, en los noventa, en la ciudad de Sevilla, donde residió seis años. Fue entonces cuando quedó hechizado por lo que él define como “magia pura”. Siguiendo con sus propias palabras: “Para mí, esta zona es única: la incontenible alegría de vivir de su gente, el bullicio de las risas y las conversaciones en las que todos hablan a la vez, la cercanía y la calidez en el trato… Es un estilo de vida muy contagioso. Y de España aprecio, especialmente, los valores de la familia, la tolerancia y esa maravillosa capacidad de vivir cada momento al máximo”.

 

Con todo, este paso por la capital andaluza marcó un punto de inflexión en su devenir, aunque no inmediatamente. Formado en diseño y artes visuales, Juraj venía de “una vida en capítulos”, pues había danzado por diferentes partes del mundo ejerciendo de ilustrador, fotógrafo, artista, director de cine o escritor, según etapas. También había cosechado una fructífera carrera en el medio publicitario, la cual retomó después del paréntesis español en Australia, donde fundó una agencia que aún sigue en marcha. Y los giros de su destino continuaron. “A principios de los años 2000 me involucré en la causa de Sudán del Sur, que estaba luchando por su independencia. De hecho, fui el asesor de comunicación del Dr. John Garang, quien se convirtió en el primer Jefe de Estado de la zona liberada en 2005, aunque falleció sólo unas semanas más tarde en circunstancias sospechosas”, relata. Así, Juraj determinó finalmente rencontrarse con ese amor del pasado, el Mediterráneo.

 

Un cuaderno de bitácora sin prisas, pero sin pausas

[Img #20221]Algeciras, Sotogrande, Málaga, Nerja, Motril, Adra, Almería, Sorbas, San Javier, Santa Pola, Benidorm, Dènia, Cullera, Puçol y Castellón de la Plana. Estos son los lugares que el equipo de 8 Million Steps ha tachado en el mapa hasta la fecha. Todavía restan nueve paradas para completar los 1.450 kilómetros previstos en España y empezar la segunda fase, pero van paso a paso, nunca mejor dicho. Porque la idea del proyecto no es sólo ir haciendo camino, sino también acopiar la riqueza propia de cada enclave. Por ello, Juraj se relaciona con la población local, quienes le confían conocimientos y experiencias que, posteriormente, dotan la web de contenido escrito y audiovisual. “El viaje va a ser documentado en una multiplataforma que incluye episodios de vídeo que cuentan la aventura en tiempo real. Además, vamos a producir una serie documental de televisión, vamos a publicar un libro con las obras creadas para la ocasión por una selección de escritores, artistas y fotógrafos mediterráneos y vamos a grabar una recopilación de la música tradicional y contemporánea de las regiones que visitemos”, matiza.

 

La puesta en práctica de una ocurrencia

[Img #20217]Aunque suene descabellado para algunos, Juraj no ha hecho más que recoger buenas impresiones acerca de 8 Million Steps por el momento. “La gente está siendo muy afectuosa y generosa con nosotros. Es esto lo que hace que el viaje merezca la pena y sea inolvidable”, afirma. De esta forma, parece que los 25 kilómetros que recorren diariamente sean más llevaderos, pues el cansancio aprieta algunas jornadas, pero las “sorpresas” y los “momentos memorables” que acontecen durante la ruta compensan cualquier fatiga. Además, el equipo no escatima en esfuerzo, ya que pretende probar la valía del proyecto con vistas a atraer la atención de posibles patrocinadores. “En principio, es financiado por mis propios recursos, porque creo que lo mejor es centrar nuestras energías en los aspectos creativos de la aventura. Nuestro objetivo no es comercial, pero sería estupendo tener algunos costes cubiertos. También estamos abiertos al crowdfunding para la financiación”, aclara Juraj.

 

Un interrogante en el equipaje

Como se apuntaba al principio, más allá de una peripecia, 8 Million Steps se ha concebido como un ensayo sobre la zona mediterránea en el presente. Para ello, este viajero ha abrazado el ideario del movimiento Slow Food, que ha puesto a su disposición una extensa red de contactos de todos los ámbitos – cultura, arte, gastronomía, política… – con los que reflexionar acerca de las tradiciones frente a la globalización. “¿Está el Mediterráneo que conocemos y amamos en peligro de extinción?”, sería la pregunta de la que parte este análisis itinerante según Juraj. Él, personalmente, reconoce que hoy por hoy vacila entre el optimismo y el pesimismo. “La degradación de algunas partes de la costa y la progresiva desaparición de las viejas costumbres son demasiado evidentes, pero creo que la esencia del alma mediterránea permanece y siempre lo hará. Al menos, esa es mi esperanza: me gustaría creer que el estilo de vida mediterráneo, su alegría y su calidez seguirán ahí dentro de 50 años”, concluye. La respuesta definitiva está unos pasos más cerca cada día.

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