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Manolo Gil
Miércoles, 21 mayo 2014
Reseña

Campanadas de boda

Me gusta La Cubana, y me gusta mucho. Me gusta su manera de entender el teatro, de interactuar con el público, de sus parodias descacharrantes, de que sus espectáculos no pasen indiferentes y que consigan que el respetable se olvide toda preocupación y pasee un rato divertido. Los descubrí en los años 80 con Cómeme el coco, negro, aquel espectáculo con el que rendía homenaje a los teatros ambulantes de variedades, al Teatro chino de Manolita Chen o el Teatro Argentino de Antonio Encinas. Un espectáculo en el que, cuando llegabas, la función ya estaba finalizando y asistías a un delirante desmontaje en el que pasaba de todo, desde comerse un bocadillo de mortadela a desfilar con mochila de plumas, como las vedettes de revista.

[Img #20124]Vi el espectáculo en varias ocasiones y en ciudades diferentes, una de ellas en el Gran Teatro de Córdoba, donde presencié una bronca descomunal entre los actores y algunas personas del público que no entendían la broma y exigían que se les devolviera el dinero de la entrada. Sorprendente: La Cubana había conseguido que algunos cordobeses creyeran una ficción como realidad. En aquellos años los teatros de variedades ambulantes aún eran usuales en muchas ferias de Andalucía, por lo que la reacción del público cordobés no resultaba extraña. 

Aquella anécdota no solo me sirvió para reflexionar sobre el humor y los ámbitos culturales, sino también sobre la identificación de la realidad en la ficción, algo que es mucho más fácil de conseguir en el cine o en la televisión que en el teatro. Poco años más tarde volvieron a triunfar con Cegada de amor y  aquella Estrellita Verdiales entrada en años con la que también la ficción se adentraba la realidad hasta el punto que una comisión de falla de Valencia nombró a Estrellita fallera de honor. Un personaje de ficción en la realidad. Fantástico.

Ahora La Cubana está recorriendo el país con su nuevo espectáculo, Campanadas de Boda. Los ingredientes son prácticamente los mismos de anteriores espectáculos (un argumento reconocible, un sabia utilización de la parodia, interacción con el público, multitud de personajes, empleo del audiovisual…), pero con una salvedad, esta vez han abandonado el mundo del espectáculo como eje de la representación  para convertir un acto social en el exponente máximo de la teatralidad. En definitiva, lo que son. Un juego de espejos muy interesante y divertido que bebe de la comedia de costumbres. La boda como espectáculo social por excelencia. La parodía de la gran paradia, como indica La Cubana en su dosier de prensa.  

[Img #20123]Un filón que el cine lleva años explotado (El padre de la novia, Un día de boda, La boda de Muriel, El banquete de bodas, La boda de mi mejor amigo o Mi gran boda griega), pero que ahora llega al teatro, y al teatro de participación.  Toda la primera parte es un gran sainete hiriente en el que gran familia española de clase media es descabezada sin compasión.

Teatro a la italiana con una cuarta pared que casi nunca se franquea. Y  de pronto llega la segunda parte con la gran boda, con todo el público asistente como invitado, con todos los delirios de grandeza habidos y por haber de madres, abuelas y tías perfectamente reconocibles, con una brillante utilización del audiovisual, algo que ya habían hecho en anteriores espectáculos, y una acertada ambientación musical en el más puro estilo Bollywood. Una Cubana fiel a sus principios, Una Cubana cáustica e inteligente, pero sobre todo divertida. Veinticinco años haciendo disfrutar a los espectadores. ¡Vaya que sí!


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